viernes, 30 de enero de 2015

Había una vez UN CIRCO!

El miércoles de la semana pasada se emitió el último episodio de la cuarta temporada de "American Horror Story", que lleva por título "Freak Show", la que ha sido, en mi opinión la más floja de todas las entregas de esta antología del terror creada por uno de los reyes Midas de la televisión actual, Ryan Murphy. La temporada comenzó de manera prometedora presentándonos a todo tipo de fenómenos: el hombre langosta (Evan Peters), la mujer gigante, la mujer diminuta (MaPetite), la mujer barbuda (Kathy Bates), la mujer de dos cabezas (Sarah Paulson al cuadrado), un payaso asesino con una gigante y escalofriante sonrisa, la mujer con tres pechos (Angela Basset), el hombre más fuerte del mundo (Michael Chiklis), la mujer sin piernas, el hombre foca, e incluso más adelante un hombre con un pene descomunal... Y, por supuesto a Elsa Mars (Jessica Lange) como maestra de ceremonias. Pero tanto personaje freak no fue capaz de salvar una temporada que andó sin rumbo, con demasiadas tramas que parecían no llevar a ninguna parte. Esperemos que la fórmula de Murphy, que tanto nos ha hecho disfrutar en temporadas anteriores, no se haya desgastado y se reinvente a si misma en la siguiente temporada.


Muchas fueron nuestras expectativas cuando se anunció que la cuarta temporada de AHS iba a estar ambientada en un circo de fenómenos. Rápidamente todos recordamos la estupenda "Carnivale" de la cadena HBO, cancelada tras la emisión de su segunda temporada, y pensamos que Murphy sería capaz de darle un toque mucho más terrorífico, mucho más camp, mucho más trash; vamos, queríamos que siguiera haciendo lo que tan bien le ha salido en temporadas anteriores. La serie arrancó de manera prometedora y pronto apareció Jessica Lange, a lo Marlene Dietrich, con un convincente acento alemán totalmente acorde con sus angulosas facciones que recordaban a las actrices alemanas de Fassbinder en "Las amargas lágrimas de Petra Von Kant". La Lange interpreta a una actriz en horas bajas, totalmente decadente, muy a lo Gloria Swanson en "El crepúsculo de los dioses". La gran Elsa Mars regenta el circo de fenómenos con autoritarismo y convencimiento de que será un éxito, a pesar de que la mayoría de noches el palco de sillas permanezca prácticamente vacío... Elsa oculta un oscuro secreto, ella también es un freak, no tiene piernas, lleva dos prótesis, las piernas le fueron amputadas hace algunos años cuando fue víctima de una tortura grabada a modo de snuff movie, si es que cuando Murphy se pone sórdido...


El toque inquietante lo ponen un payaso asesino que acecha a sus víctimas a lo slasher movie ochentera. Y el personaje más antipático venía de la mano de Finn Wittock (quien colaboró recientemente con Murphy en "The Normal Heart") que aquí interpreta a un aburrido y repelente niño rico mimado llamado Dandy Mott, que no sabe qué necesita para divertirse, un psicópata en potencia que sólo tiene que hacer el click para comenzar a matar, hijo de la estupenda Frances Conroy, cuyos talentos como actriz todoterreno, me atrevería a decir que tanto o más que la Lange (de la que ya comenzamos a estar cansados de que interprete siempre diferentes caras de un mismo personaje...) en esta temporada están totalmente desaprovechados...


El petardeo de Murhpy también ha hecho su aparición estelar en esta edición, por eso hemos podido ver números musicales totalmente anacrónicos, con canciones de David Bowie, Nirvana o Lana Del Rey en una especie de Dark Twisted Glee Horror Picture Show, que tengo que reconocer que a mí me ha gustado, porque le da a la serie ese toque trash y camp del que antes hablaba... Entre otros toques petardos que también han hecho las delicias de los fans de Murphy: como la aparición estelar de Matt Bomer intepretando a una especie de chaperillo gay que termina siendo la primera víctima de Dandy Mot, con el que protagoniza un supergay combate cuerpo a cuerpo en calzoncillos, Murphy se desmelena (bueno eso no, que es calvo... pero ya me entendéis) y da rienda suelta a sus fantasías, y no sólo eso, sino que las mete con calzador en medio de la serie...O con la también aparición estelar de otro amiguete suyo, Neil Patrick Harris que aquí interpreta a un titiritero ventrílocuo, que da más miedo que Jose Luís Moreno y sus muñecos, que posee una muñeca asesina, que le susarra al oído que cometa atroces asesinatos, una muñeca que da casi tanto miedo como la Annabelle de "Expediente Warren".


No hace falta decir que todos los actores están estupendos, Murphy sabe cómo dirigir a su elenco, eso está claro. Y también, como siempre en AHS, la ambientación, la puesta en escena, el vestuario, el maquillaje, la intro... son impecables y hacen que incluso en una temporada con un guión tan errático como éste, que ha ido sin rumbo ni meta durante muchos episodios, resulte atractiva de ver y nos haya dado algunos momentos delicisosamente inquietantes. Aprovecho para dejar una impresionante foto de la caracterización de la actriz Naomi Grossman, que repite el papel que interpretó en "AHS: Assylum", Pepper, que demuestra el maravilloso trabajo de caracterización y maquillaje que hace el equipo de esta serie.


Quizás había demasiados personajes, quizás demasiadas tramas metidas con calzador, parecía más un mero desfile de rarezas que un todo con sentido. Mientras que las otras AHS fueron cerradas con un lazo final coherente y que daba homegeneidad a la trama, aquí daba más la sensación de que había muchas películas metidas en una sola y no en el buen sentido de la palabra... Creo que Murphy ha desaprovechado la maravillosa oportunidad que todo este atractivo material le brindaba, aunque a ratos nos haya hecho pasar algunos ¿buenos? momentos viendo sufrir a su variopinto abanico de originales personajes.


La cuestión que inmediatamente nos nace de todos esto es sencilla ¿Está la fórmula de AHS agotada o se trata sólo de un pequeño bache en el camino? Yo creo personalmente que es remontable, algunas de las cosas que tanto nos gustan de AHS han seguido ahí, quizás había tantas cosas que Murphy y su equipo de guionistas querían mostrarnos, que no ha podido meterlas todas y nos ha quedado esa sensación de caos, de serie descontrolada, de sinsentido, de falta de coherencia o de una verdadera trama principal que sirviera de hilo argumental real de todas las historias que se nos estaban contando. Que dejara de dar la sensación de que a Murphy se le había ocurrido una idea macabra y simplemente nos la había colado ahí para mostrárnosla sin que viniera demasiado a cuento. No perdemos la fe en AHS y, aunque todavía no esté confirmada la trama de su quinta temporada, ahí estaremos para presenciar el siguiente espectáculo.


David

viernes, 30 de mayo de 2014

TV-Movie Time: "The Normal Heart"

Tengo una tradición, es algo que hago ahora cuando un amigo muere, guardo en un cajón su tarjeta de visita. ¿Qué se supone que tengo que hacer, tirarla a la basura? Eso no lo haré. No, no lo haré... Es demasiado definitivo. El año pasado guardé 5 tarjetas. Ahora tengo 50. Una colección de lápidas de cartón sujetadas por una goma. Odio los malditos funerales, de verdad... ¿Y sabéis lo que odio aún más? Los homenajes a los difuntos. Esta es nuestra vida social ahora, acudir a estos acontecimientos. (...) Estamos perdiendo a una generación entera, hombres jóvenes al principio de sus vidas, que simplemente desaparecen: coreógrafos, escritores de teatro, bailarines, actores... Obras de teatro que nunca serán escritas, coreografías que nunca serán bailadas. Para acabar, sólo quería deciros lo cabreado que estoy... Lo jodidamente cabreado que estoy. No paro de gritar en silencio ¿Por qué nos están dejando morir? ¿Por qué nadie nos quiere ayudar? Y aquí está la verdad. Aquí está la respuesta. Simplemente no les gustamos. Este discurso que pone realmente la piel de gallina lo suelta Jim Parsons (conocido por su papel de Sheldon en The Big Bang Theory) en la película "The Normal Heart", que la cadena privada HBO estrenó el domingo pasado. Una película dirigida por Ryan Murphy (Nip/Tuck, Glee, American Horror Story...) con un reparto de escándalo que ofrece unas fantásticas a la par que desgarradoras interpretaciones. Una película basada en la obra de teatro de Larry Kramer y que se inspira en sus propias experiencias sobre cómo la comunidad gay tuvo que enfrentarse a los estragos ocasionados por la aparición del SIDA a principios de los años 80'.

La acción de la película comienza en 1981, cuando Ned Weeks (el protagonista de la peli, interpretado por Mark Ruffalo) está llegando en barco a Fire Island, una isla situada a pocos kilómetros de Manhattan, donde los gays adinerados tienen sus casas de la playa. Música petarda ochentera, tipos musculados de muñeca quebrada paseando su bronceado palmito con bañadores de la mínima extensión o directamente en bolas, cruising, sexo anónimo, alcohol y poppers a tutiplén. Todos los elementos de una vida frívola, hedonista, epicúrea, irresponsable, donde sólo hay cabida para la fiesta y la diversión. Pero pronto una sombría mancha echa un oscuro manto sobre toda esta felicidad paradisíaca, una demoledora epidemia llega para quedarse y para castigar y matar a muchos de los que participaban de esta vida abocada al placer sin fronteras. La primera muestra de que algo va mal en el paraíso, la tenemos cuando un fornido joven (interpretado por Jonathan Groff, este año visto en la serie también de temática gay "Looking") se desploma en la playa mientras está jugando a pelota ¿una insolación? No, es el primer personaje de la película que sufre de lo que durante muchos años se denominó el "cáncer gay".


Como he dicho antes, la película cuenta con un reparto estupendo y ninguno de ellos defrauda, incluso alguno nos sorprende. Mark Ruffalo es perfecto para el papel, con esa eterna mirada triste y ese aspecto de tipo de una cierta edad, que ya está de vuelta de todo y que no es capaz de dejarse llevar cuando conoce a alguien con el que poder iniciar una relación; lo analiza de pies a cabeza, pone sus contras por encima de sus pros; ese tipo de personas que comienza una relación esperando el momento en que la cagarán y todo se irá al traste, tirando la toalla incluso antes de comenzar. Brillante resulta la entrada de Julia Roberts, que interpreta a la Dra. Emma Brookner, un papel breve pero intenso y que también tiene sus grandes momentos de lucimiento dramático. La Dra. Brookner es una doctora tullida (paralizada de cintura hacia abajo a causa de la Polio desde los 5 años) que trata a los pacientes infectados de SIDA y que se da cuenta de que los casos se multiplican semana tras semana, que la epidemia se está extendiendo a pasos agigantados.


Pronto entra en la vida de Ned el personaje de Matt Bomer (conocido por interpretar a un elegantísimo ladrón de guante blanco en "White Collar"), que aquí interpreta a Felix Turner, la pareja de Ned, que le enseñará que los hombres no son seres que aman por naturaleza, sino que aprenden a hacerlo. Bomer tuvo que perder un montón de quilos durante el rodaje para acentuar los estragos que la enfermedad estaba ocasionando en el cuerpo del personaje. La química entre Ruffalo y Bomer traspasa la pantalla y juntos protagonizan escenas potentes, como cuando tienen una conversación donde se plantea la delicada pregunta de ¿Si lo tuviera, me dejarías?. Los momentos en que Ned (Ruffalo) baja a la lavandería sólo para poder llorar y que no le vea su compañero enfermo. Una de las escenas más románticas y a la vez más terroríficas que he visto en una película desde hace mucho tiempo es cuando Ned llega a casa y ve que Felix (Bomer) se ha hecho las necesidades encima. Ned lo coge en brazos, lo pone bajo la ducha y lo limpia, con todo el amor y el cariño del mundo, sin dramatismos, sólo porque le quiere, simplemente porque es la persona. Cuando Felix le suelta la demoledora frase "Quieres que mejore, pero no estoy mejorando y eso me hace sentir muy culpable...". Cuando discuten porque Felix está muy mal y Ned le reprocha que no come como es debido, a lo que Felix responde "Mi esperanza de vida es de 10 minutos, puedo comer lo que me salga de los huevos...". O la triste idea de marcar una cita en la agenda con tu pareja que se está muriendo a dos meses vista, sólo para negarte a ti mismo que esa persona no estará viva para aquel entonces, porque esa idea es demasiado horrible como para asumirla, porque nunca se deja de luchar por la gente que quieres.


Jim Parsons está fantástico en un papel que demuestra que este actor sirve para mucho más que para interpretar al friky de Sheldon o el breve papel de Alfred Molina (que interpreta al hermano de Ruffalo), que se da cuenta un poco tarde de que su hermano tiene un corazón como el de todo el mundo, un corazón normal, no el de un enfermo o el de un desviado. Que ama, se apasiona y lucha por lo que cree que es justo, como todo el mundo.


La historia y el tema tienen un gran potencial dramático que llega a alcanzar cotas verdaderamente demoledoras. Los 80' fueron la época de la liberación sexual para la comunidad gay, después de tantos años de represión, por lo que la promiscuidad estaba a la orden del día. Con la llegada del SIDA, se planteó el escalofriante interrogante de si el hecho de mantener relaciones sexuales te puede matar, hay que dejar de hacer uso de tu libertad sexual o seguir luchando. La película nos muestra cómo en dos años esta comunidad pasa de ser un paraíso a ser una comunidad destrozada, triste, devastada. Y lo hace a través de imágenes especialmente potentes:

1) Hombres que llegan a la puertas de los hospitales con sus amigos a punto de morir a cuestas, gritando dolorosamente.

2) Gente que tiene miedo a descolgar el teléfono y que una vez más sea la noticia de que otro amigo suyo ha fallecido.

3) Modelos de pasarela masculinos que tapan con maquillaje sus sarcomas en la piel, para borrar las secuelas que la enfermedad está ocasionando en sus jóvenes rostros y así evitar el rechazo de la gente, que los tachará de depravados, de enfermos que se lo han buscado.

4) Gente con miedo a recibir besos. Gente con miedo a darlos.

5) Pacientes relegados a tristes zonas de aislamiento donde la gente lleva trajes antipandémicos a lo "Estallido". Zonas de los hospitales donde las condiciones de salubridad son asquerosas, porque los de la limpieza no se atreven a entrar, los técnicos no se atreven a arreglar los electrodomésticos que se estropean por miedo al contagio. La Dra. Brookner se niega a tomar medidas para no contagiarse y en un momento de la película dice "Nunca las he tomado y nunca las tomaré, y de momento sigo aquí..."

6) Discotecas gays llenas de gente con sarcomas en la cara, donde suena el I Will Survive, y todo son luces de neón y purpurina, pero nada de esto puede cubrir las secuelas que esta devastadora peste del siglo XX está dejando sobre la ahora debilitada y asustada comunidad gay. Sobrevivir era una lotería. Todos hicieron lo mismo, pero sólo algunos de ellos sobrevivieron.

7) Un piloto de avión que se niega a despegar si no baja un pasajero infectado.

En un momento de la película la Dra. Brookner dice que con esta enfermedad ninguna información es 100% segura. Lo triste y escalofriante es que hoy en día, a pesar de que se ha avanzado en el tema, muchas de ellas siguen sin serlo. Muchos interrogantes que se plantean en la película siguen abiertos a día de hoy.

La película también parece denunciar el hecho de que la medicina y la política no empezaron a moverse realmente hasta que se dieron cuenta de que se trataba de un virus que no sólo mataba a homosexuales. Pero bien, ya se sabe, el hombre es un lobo para el hombre.

En "The Normal Heart" los personajes no cantan como en "Rent" para paliar el dolor de su alma, ni se ponen a soñar despiertos como en "Angels in America" para evadirse de la cruda realidad, aquí los personajes luchan por sus derechos, se quieren los unos a los otros, demuestran el apoyo incondicional hacia los suyos cuando su vida se está rompiendo a pedazos.

David


lunes, 3 de febrero de 2014

The Seven Wonders

Soy una milenaria. Generación Y. Nacida entre el brote del Sida y el 11-S, más o menos. Nos llaman la "Generación Global". Somos conocidos por nuestra decisión y narcisismo. Algunos dicen que es porque somos la primera generación donde cada niño consigue un trofeo por sólo aparecer. Otros creen que es porque las redes sociales nos permiten publicar cuando nos tiramos un pedo o nos comemos un sandwich para que lo vea todo el mundo. Pero parece que la única característica que nos define es la falta de sensibilidad hacia el mundo e indiferencia hacia el sufrimiento. Sé que yo hice lo que pude por sentir algo: sexo, drogas, alcohol, sólo para quitarme las penas, deshacerme de mi madre, el gilipollas de mi padre, de la prensa y de todos los chicos que he querido y no me han correspondido. Joder, me violaron, y dos días más tarde ya estaba de vuelta en clase como si no hubiera pasado nada. La mayoría de la gente nunca supera cosas así, y yo estaba en plan "vamos a por un batido". Daría todo lo que tengo y tendré por sufrir otra vez, por sentirme herida (...) Una de las ventajas de estar prácticamente muerta es que no tienes que molestarte en leer etiquetas de advertencia. Había un líquido marrón que creí por un segundo que había estremecido mis pezones, pero creo que era psicosomático, porque acabé con todo y no sentí una mierda (...) Y ese es el problema ¿no? No siento una mierda. No puedo sentir nada. Creemos que el dolor es el peor sentimiento. No es así ¿Cómo puede haber algo peor que este eterno silencio dentro de mí? Estaba acostumbrada a no comer durante días o a comer como una loca y luego meterme los dedos por la garganta. Ahora no importa lo mucho que me atraque, no puedo llenar este vacío dentro de mí. No lo soporto más. Creo que me estoy echando a perder. Tengo que hacer algo. Este es el devastador monólogo que la sobrinita de Julia Roberts soltó al principio del episodio 7 de "American Horror Story: Coven" (la tercera temporada de la interesante serie de Ryan Murphy, que parece que temporada tras temporada va afianzándose), de la que el miércoles pasado se emitió el último episodio.


Cuando tras la finalización de "American Horror Story: Asylum" saltó la noticia de que su siguiente temporada estaría ambientada en el universo de las brujas y luego poco a poco fueron cayendo datos sobre las nuevas incorporaciones al elenco (Kathy Bates, Angela Basset, Emma Roberts y Gabourey Sidibe) que se unían a los ya habituales del universo AHS (Jessica Lange, Sarah Paulson, Frances Conroy, Evan Peters, Taissa Farmiga, Jamie Brewer y Lili Rabe) las ganas de ver la serie llegaron a cotas muy elevadas. En mi opinión, Murphy no nos ha decepcionado y nos ha ofrecido imágenes interesantes, frases de esas para la posteridad, unos decorados escalofriantes, un toque kitsch súper petardo, finas dosis de humor inteligente, un delicioso elenco femenino en estado de gracia, un vestuario y unos looks estupendos, sean o no de Balenciaga, y mucho, mucho glamour. Podemos decir que las brujas del Aquelarre de Murphy se han comido con patatas a las sosainas de "Witches of East End", otra serie ambientada en el universo de la brujería, estrenada esta temporada en el canal Lifetime.


Hay que decir que su premisa resulta altamente atractiva. Una academia de brujas, a lo Hogwarts, pero situada en una magnífica y blanquísima casa Victoriana de New Orleans, con escaleras glamourosas, lámparas de araña, y con una grandiosa Jessica Lange (aka Fiona Goode) como Suprema de este Aquelarre. La serie arranca con la llegada de Zoe Benson, interpretada por Taissa Farmiga (la chica del "coño asesino" ¿se puede decir "coño" en un blog para todos los públicos?, bueno ya lo pensaré mañana cuando el post esté irremediablemente publicado...). Allí entra en contacto con otras alumnas aventajadas con superpoderes bastante originales. Madison Montgomery (interpretada por Emma Roberts), una deslenguada y superficial ex-niña prodigio del cine echada a perder con poderes telequinéticos, Queenie (interpretada por Gabourey Sidibe), una especie de vudú humano y Nan (interpretada por Jamie Brewer), una chica con Síndrome de Down que posee poderes clarividentes. En la casa también vive la hija de Fiona, Cordelia (interpretada por Sarah Paulson), que viene a ser una especie de protectora de las alumnas, adoptando un papel casi maternal. Se dice que cuando una nueva Suprema comienza a florecer, la vieja Suprema empieza a desvanecerse y este es precisamente el elemento detonante de toda la trama: Fiona se está debilitando, su trono se está desmoronando, y eso sólo puede significar una cosa, que ha llegado una nueva bruja para ocupar su lugar. Pero la Suprema no se lo pondrá tan fácil a esa perra e intentará matar a todas aquellas brujas listillas que se le crucen por delante cuando sospeche que ésta haya venido a intentar arrebatarle el trono.


Ni hace falta decir que Jessica Lange está descomunal y que sólo perdono que no haya ganado el Golden Globe este año porque se lo llevó Elisabeth Moss, que me cae muy simpática. Lange es la Suprema, su cara angulosa, esa mirada felina, esa voz algo carajillera pero sumamente sensual, esa elegancia innata (como fuma, como se desliza por la pantalla como si se tratara de una serpiente venenosa, que lo es...), todo, todo en ella es puro talento y virtuosismo de la interpretación. Por favor, que instauren una nueva categoría en los Oscar a Mejor Actriz de Televisión, sólo para que la Lange pueda subir al escenario del Academy's Samuel Goldwyn Theater a recoger la dorada estatuilla mientras nos lanza unas de sus fulminantes miradas. Obviamente el equipo de guionistas de Murphy no ha querido desaprovechar la ocasión de tener una artistaza de este tamaño para dejarle soltar verdaderas joyas con su lengua viperina :

-Myrtle Snow ... mírate, desarrollando un cierto estilo mientras nadie estaba prestando atención.

-(A Spalding, el mayordomo mudo):  Oh, Spalding. Debo confesar que he disfrutado siempre de nuestras pequeñas charlas juntos. Sobre todo desde que perdiste la lengua. Hace que parezcas... sabio, de alguna manera. Más reflexivo.

-Cuando las brujas no luchamos, nos queman.

- Lo siento, no sé si estoy confundida o muy aburrida...


Hay que decir que sus compañeras de reparto tampoco se han quedado cortas en talento, y estoy hablando de las veteranas: el retorno de Kathy Bates al universo del terror (aunque sea en su versión más camp), desde que nos fascinara con su personaje de Annie Wilkes en "Misery", aquí interpretando a madame Delphine LaLaurie, una asesina de esclavos del siglo XIX que bebía sangre de recién nacidos para no envejecer. Y a Angela Basset interpretando a la aterradora bruja vudú Marie Laveau, gran archienemiga de madame LaLaurie. En todo momento, todas han sabido dar la réplica perfecta al enorme talento de la Lange. Pero quiero destacar a mi favorita: 

Frances Conroy interpretando a Myrtle Snow, la jefa del Consejo de Brujas, enemiga desde la infancia de Fiona, ya que ambas luchaban por ocupar el lugar de la Suprema, pero Fiona con sus malas artes consiguió el preciado trono. El look de Myrtle, con su peluca crespada de color rojo Pipi Langstrump y su colección de gafas asimétricas no tiene parangón. La Conroy es un animal todoterreno, puede interpretar lo que le echen, en SFU ya mostró que funcionaba tanto en la tesitura dramática como en la cómica, pero AHS está siendo la plataforma de lucimiento ideal para ella, porque puede interpretar a los personajes más variopintos. Hay que decir que en esta temporada se ha llevado la palma: esa amplia gama de cambios y modulaciones de la voz (sonidos guturales, casi animales, inhumanos), su abanico de acentos, todo. Esta actriz es un verdadero camaleón de la interpretación y espero que su talento sea reconocido porque en AHS está que se sale interprete lo que interprete.


Tampoco quiero menospreciar el trabajo de las generaciones más jóvenes de actrices que aparecen en la serie. Sarah Paulson vuelve a estar a la altura interpretando a Cordelia, el personaje más dócil de la serie (me encantó la ironía de que tuvieran que tirarle ácido sulfúrico en los ojos y así quedarse ciega, para que comenzara realmente a saber lo que estaba ocurriendo a su alrededor: que su novio le era infiel o que su madre era un bitch/witch killer, que no parará hasta que se asegure que ninguna jovencuela de tres al cuarto le arrebata la corona. Lily Rabe intepretando a Misty Day, una bruja hippie que va por libre y que en su cabaña del bosque practica el arte de la necromancia (tiene el poder de resucitar a los muertos). Y de entre las jóvenes estudiantes de la academia de brujas, quiero destacar a Emma Roberts. No conocía demasiado la carrera de esta joven actriz, pero su descubrimiento en esta serie tengo que decir que ha sido una grata sorpresa. A parte del destructivo monólogo que he mostrado al principio del post, su "Necesito un cigarrillo" como primera frase tras ser resucitada, me parece antológico. Funcionó bastante bien el triángulo amoroso entre ella, Zoe y Kyle, interpertado por Evan Peters (recordemos que Kyle es como una especie de jovencito Frankenstein, ya que tras morir en un accidente, el grupillo de brujas jóvenes consigue devolverlo a la vida, juntando diferentes piezas de cadáveres con su cabeza). Dicho triángulo alcanza una de sus mayores cotas cuando estos tres personajes se marcan un "peaso" de menage a trois, tras la resurrección de Madison, claro a ellos dos Zoe no los puede matar con su vagina aniquiladora. Un trío calentito, calentito...



Para finalizar, quiero hacer incapié en la maravillosa estética de la serie. Esas imágenes grabadas con perspectivas angulosas o distorsionadas a través de cámaras con lentes de ojo de pez, han dado un tono onírico, deformado, surrealista, casi expresionista a la serie. Y también cabe destacar su vestuario, que va alternando elegantes trajes chicle de color negro para la Lange, enormes gafas de sol, una interesante colección de sombreros, ropas africanas, trajes de época del siglo XIX, vestimentas hippies, y los extremados conjuntitos de Myrtel con combinaciones de colores a lo Ágatha Ruiz de la Prada. Era un gozo ver la serie por sus elementos visuales y sonoros: la incómoda intro, la música, los dos vídeos musicales que se pegaron en la serie con la cantante Stevie Nicks, en el último episodio cantando su tema "Seven Wonders", muy apropiado para la trama, ya que las aspirantes a Suprema tienen que poseer y dominar siete poderes para reunir los requisitos necesarios para ser la nueva Suprema.



Estamos ya ansiosos por ver cómo nos sorprenden en la nueva temporada, aún sin título, de la que se han confirmado las apariciones de Kathy Bates, Angela Basset, Evan Peters, Sarah Paulson, Frances Conroy y que será la última temporada en la que aparezca Jessica Lange, que al parecer está ya practicando un acento alemán (¿aparecerá el tema nazi, del que ya hubo alguna pincelada en Asylum?). La marcha de Lange tras la cuarta temporada significa que Murphy tendrá que encontrar otra gran actriz y resucitarla. En alguna entrevista, ha indicado su interés en trabajar con Michelle Pfeiffer (Catwoman en el universo AHS, ¡Wow, compro!) y también con Reese Witherspoon, a la que le gustaría escribirle un personaje verdaderamente retorcido. Parece ser que la nueva temporada se situará en New Orleans o Santa Fe y que alternará los años 50 con la época actual. Algunos rumores que circulan por internet, pero que no cuentan con la confirmación de Murphy, han querido situar la nueva temporada en un circo ambulante regentado por una mujer alemana (Lange). No estaría nada mal porque realmente no hay nada más aterrador que un payaso... ¿American Horror Story: Circus?

Esperemos que Murphy comience a soltar prenda y ya os iremos informando de la noticias a través de nuestra sección de "El Seriómetro".

David




lunes, 14 de octubre de 2013

Diagnóstico fatal: Gleectus

El jueves pasado se emitió el tercer episodio de la quinta temporada de "Glee", cuyo título fue "The Quarterback"·y que rendía homenaje a la muerte de Cory Monteith, de la que ya hablamos en un post anterior. Quizás parezca inapropiado ponerse a rajar de la serie ahora, pero no quiero esperar a que termine, ya que como mínimo tendrá una sexta temporada, y además, como dije el miércoles pasado, debo estar pasando por una semana destroyer (será que no tenemos motivos: los recortes en sanidad y educación, el hambre en el tercer mundo, el agujero en la capa de ozono...), no me arrebatéis uno de los pocos placeres que me quedan en este mundo...



Su creador Ryan Murphy nos vendió duros a cuatro pesetas con esta serie. Parecía que iba a burlarse de ñoñerías como "High School Musical" o series de institutos como "Beverly Hills 902010", pero aparentemente queriéndose mofar de todas estas apestosas producciones para la televisión, terminó convirtiéndose en una de ellas. Cierto es que Murphy es muy hábil y nos presentó un interesante episodio piloto, e incluso podría llegar a arriesgarme a decir que una primera mid-season bastante decente (sus 13 primeros episodios). Con unos personajes conscientemente estereotipados (el quarterback guaperas y no muy listo; la cheerleader guapa y popular que, al igual que sus compañeras, siempre visten el uniforme de cheerios estén haciendo lo que estén haciendo; la negra gordita, la asiática tartamuda que sólo deja de tartamudear cuando canta, el paralítico, el gay, la empollona repelentilla y chillona...).

Al principio, algunos personajes tenían su gracia. Es el caso de la jefa de las animadoras (Sue Sylvester), una especie de comandante nazi que siempre va ataviada con un chándal Adidas, a la que le reservaban las mejores perlas del escaso guión:


¿Crees que esto es duro? Intenta ir a una audición para “Los vigilantes de la playa” y que te digan que van en otra dirección. ¡Eso es duro!

¿Crees que esto duro? Yo estoy echando un cálculo biliar en estos momentos. ¡Eso es duro!

Sue a una cheerleader embarazada: "¡Fuera de mi oficina! ... si consigues pasar por la puerta sin romper aguas sobre mi alfombra."

Sue que siempre está bebiendo combinados proteínicos para deportistas: "No he comido algo sólido desde 1987."
O los comentarios de Sue sobre el pelo de Will Schuester (el profesor que se encarga de dirigir el coro de Glee). "Acabo de perder el hilo de lo que estaba diciendo por culpa de la gran cantidad de margarina que llevas en el pelo."



También es el caso de la cheerleader Brittany S. Pierce (si dices su nombre rápido, suena como el de la gran cantante y gran voz, que pasó de ser una encantadora y virginal niña del Grupo de Mickey Mouse, a ser una señora gorda madre ya de dos niños en cuestión de segundos). Este personaje prácticamente no hablaba al principio, pero vieron su potencial de "rubia tonta" y le reservaron algunas joyitas (repito Murphy es un tramposo, pero tiene su gracia escribiendo...). Así de repente y sin que viniera a cuento, soltaba frases como: "A veces me olvido de mi apellido" o "Estoy bastante segura de que mi gato está leyendo mi diario" o "No sé como encender un ordenador".

O el caso de la consejera de orientación del instituto (Emma Pillsbury), que sufre de un trastorno que la convierte en una obsesa de la limpieza y la contaminación. Hablando de este personaje, aquí os dejo un vídeo de 20 segundos, que es sin duda el mejor momento de la serie:



Y después de cantar (nunca mejor dicho) las pocas glorias de la serie, comencemos con la destrucción. Todos conocemos las bases del musical: una trama prácticamente inexistente (en la mayor parte de los casos), una cierta ñoñería apestosa, unos personajes que, sin ningún motivo aparente, se ponen a cantar en lugar de hablar. Que conste que me encantan los musicales y que los disfruto, sólo hace falta conocer las normas del juego y dejarse llevar por las canciones. Lamentablemente, no es el caso de "Glee". Un producto destinado a vender CD's de las canciones que, con mayor o menor gracia, versionan los protagonistas y a promocionar una gira de conciertos que tuvo lugar por todo el territorio yanqui. Vamos, que "Glee" era como el producto ideal desde el punto de vista comercial, una máquina con el engranaje perfecto para hacer que sus productores ganaran dinero...

Al principio, la canciones aún tenían algún tipo de relación con la trama, pero al final parecía que la trama era una mera excusa para hacer numeritos de determinadas canciones. Así que la serie se convirtió en una especie de "talent show" musical, tipo Operación Triunfo, que merecería haber tenido la misma suerte que la última edición de este programa. No creo ni que el grupo de guionistas de Murphy conozcan conceptos básicos de la elaboración de un guión como son la línea argumental con sus tres partes (presentación, nudo y desenlace) ni el concepto desarrollo de personajes. Ves un episodio de "Glee" y tienes la sensación de que nada ha pasado realmente y de que ningún personaje ha evolucionado lo más mínimo. Me arriesgaría a decir que ves tres temporadas de "Glee" y sales con esa misma sensación. Yo creo que sólo los guionistas de la brillante "Los Simpson" saben sacar provecho de lo que significa cero continuidad en sus historias (incluso convirtiendo eso en una de la grandes gracias del show).


Eso sí, la serie sirvió para presentarnos a la nueva Reina del Grito. Sí, señores, la corona le ha sido arrebatada a la actriz Jamie Lee Curtis (quien merecidamente se la ganó tras la saga slasher de Halloween). Estamos hablando de Lea Michele, quien interpreta a la indecentemente insoportable Rachel Berry. Si vais a ver un episodio de la serie en el que este personaje tenga un solo musical, por favor os pido que bajéis el volumen de vuestro televisor/altavoz del ordenador. Su voz me produce el mismo efecto que el zumbido de una mosca cojonera. Aún no salgo de mi asombro por el hecho de que la nominaran al Emmy y al Golden Globe por poner caras de "estreñía" mientras hace los playbacks de las canciones que previamente ha grabado en un estudio. A veces creo que los miembros de la Academia podrían crear una especie de grupo de supervillanos llamado "La Liga de la Injusticia", pero cada vez me está quedando más claro que los miembros de la Academia tiene predilección por las actrices que sobreactúan, porque si no ¿a qué viene la candidatura a mejor actriz dramática de Kerry Washington por "Scandal"? Que se replanteen si Verónica Castro no debería haberlo ganado por "Los ricos también lloran"...

A veces "Glee" parece olvidarse de algunos de sus personajes. Eso resulta fácil en una serie coral como ésta, pero muchas otras series han parecido poder manejárselas bastante bien con un elenco coral (véase "Lost", una serie con muchísimos personajes, pero todos ellos muy bien dibujados y nunca olvidados). Esta afirmación hace que te surja otro gran interrogante: si a veces se olvidan de sus personajes ¿por qué nunca se olvidan de la existencia de Rachel Berry y así dan a la pobre audiencia un respiro? Por si el enorme número de personajes fuera poco, hacia la tercera temporada, la serie comenzó una especie de programa "talent show" llamado "The Glee Project" para seleccionar una nueva generación de "gleeks", y de ahí salieron unos nuevos estudiantes que no creo que haya ni un solo fan que recuerde el nombre de sus personajes...

La buena noticia es que, como no supone mucho tiempo elaborar el guión de "Glee" (dos líneas, canción, dos líneas más, canción que no tiene absolutamente nada que ver con la trama, pero que será un hit de ventas... y así sucesivamente hasta que se rellenan las 42 páginas de guión/42 minutos de episodio), Murphy ha tenido full time para dedicarse a su otra, mucho más interesante, serie "American Horror Story".


David