lunes, 14 de octubre de 2013

Diagnóstico fatal: Gleectus

El jueves pasado se emitió el tercer episodio de la quinta temporada de "Glee", cuyo título fue "The Quarterback"·y que rendía homenaje a la muerte de Cory Monteith, de la que ya hablamos en un post anterior. Quizás parezca inapropiado ponerse a rajar de la serie ahora, pero no quiero esperar a que termine, ya que como mínimo tendrá una sexta temporada, y además, como dije el miércoles pasado, debo estar pasando por una semana destroyer (será que no tenemos motivos: los recortes en sanidad y educación, el hambre en el tercer mundo, el agujero en la capa de ozono...), no me arrebatéis uno de los pocos placeres que me quedan en este mundo...



Su creador Ryan Murphy nos vendió duros a cuatro pesetas con esta serie. Parecía que iba a burlarse de ñoñerías como "High School Musical" o series de institutos como "Beverly Hills 902010", pero aparentemente queriéndose mofar de todas estas apestosas producciones para la televisión, terminó convirtiéndose en una de ellas. Cierto es que Murphy es muy hábil y nos presentó un interesante episodio piloto, e incluso podría llegar a arriesgarme a decir que una primera mid-season bastante decente (sus 13 primeros episodios). Con unos personajes conscientemente estereotipados (el quarterback guaperas y no muy listo; la cheerleader guapa y popular que, al igual que sus compañeras, siempre visten el uniforme de cheerios estén haciendo lo que estén haciendo; la negra gordita, la asiática tartamuda que sólo deja de tartamudear cuando canta, el paralítico, el gay, la empollona repelentilla y chillona...).

Al principio, algunos personajes tenían su gracia. Es el caso de la jefa de las animadoras (Sue Sylvester), una especie de comandante nazi que siempre va ataviada con un chándal Adidas, a la que le reservaban las mejores perlas del escaso guión:


¿Crees que esto es duro? Intenta ir a una audición para “Los vigilantes de la playa” y que te digan que van en otra dirección. ¡Eso es duro!

¿Crees que esto duro? Yo estoy echando un cálculo biliar en estos momentos. ¡Eso es duro!

Sue a una cheerleader embarazada: "¡Fuera de mi oficina! ... si consigues pasar por la puerta sin romper aguas sobre mi alfombra."

Sue que siempre está bebiendo combinados proteínicos para deportistas: "No he comido algo sólido desde 1987."
O los comentarios de Sue sobre el pelo de Will Schuester (el profesor que se encarga de dirigir el coro de Glee). "Acabo de perder el hilo de lo que estaba diciendo por culpa de la gran cantidad de margarina que llevas en el pelo."



También es el caso de la cheerleader Brittany S. Pierce (si dices su nombre rápido, suena como el de la gran cantante y gran voz, que pasó de ser una encantadora y virginal niña del Grupo de Mickey Mouse, a ser una señora gorda madre ya de dos niños en cuestión de segundos). Este personaje prácticamente no hablaba al principio, pero vieron su potencial de "rubia tonta" y le reservaron algunas joyitas (repito Murphy es un tramposo, pero tiene su gracia escribiendo...). Así de repente y sin que viniera a cuento, soltaba frases como: "A veces me olvido de mi apellido" o "Estoy bastante segura de que mi gato está leyendo mi diario" o "No sé como encender un ordenador".

O el caso de la consejera de orientación del instituto (Emma Pillsbury), que sufre de un trastorno que la convierte en una obsesa de la limpieza y la contaminación. Hablando de este personaje, aquí os dejo un vídeo de 20 segundos, que es sin duda el mejor momento de la serie:



Y después de cantar (nunca mejor dicho) las pocas glorias de la serie, comencemos con la destrucción. Todos conocemos las bases del musical: una trama prácticamente inexistente (en la mayor parte de los casos), una cierta ñoñería apestosa, unos personajes que, sin ningún motivo aparente, se ponen a cantar en lugar de hablar. Que conste que me encantan los musicales y que los disfruto, sólo hace falta conocer las normas del juego y dejarse llevar por las canciones. Lamentablemente, no es el caso de "Glee". Un producto destinado a vender CD's de las canciones que, con mayor o menor gracia, versionan los protagonistas y a promocionar una gira de conciertos que tuvo lugar por todo el territorio yanqui. Vamos, que "Glee" era como el producto ideal desde el punto de vista comercial, una máquina con el engranaje perfecto para hacer que sus productores ganaran dinero...

Al principio, la canciones aún tenían algún tipo de relación con la trama, pero al final parecía que la trama era una mera excusa para hacer numeritos de determinadas canciones. Así que la serie se convirtió en una especie de "talent show" musical, tipo Operación Triunfo, que merecería haber tenido la misma suerte que la última edición de este programa. No creo ni que el grupo de guionistas de Murphy conozcan conceptos básicos de la elaboración de un guión como son la línea argumental con sus tres partes (presentación, nudo y desenlace) ni el concepto desarrollo de personajes. Ves un episodio de "Glee" y tienes la sensación de que nada ha pasado realmente y de que ningún personaje ha evolucionado lo más mínimo. Me arriesgaría a decir que ves tres temporadas de "Glee" y sales con esa misma sensación. Yo creo que sólo los guionistas de la brillante "Los Simpson" saben sacar provecho de lo que significa cero continuidad en sus historias (incluso convirtiendo eso en una de la grandes gracias del show).


Eso sí, la serie sirvió para presentarnos a la nueva Reina del Grito. Sí, señores, la corona le ha sido arrebatada a la actriz Jamie Lee Curtis (quien merecidamente se la ganó tras la saga slasher de Halloween). Estamos hablando de Lea Michele, quien interpreta a la indecentemente insoportable Rachel Berry. Si vais a ver un episodio de la serie en el que este personaje tenga un solo musical, por favor os pido que bajéis el volumen de vuestro televisor/altavoz del ordenador. Su voz me produce el mismo efecto que el zumbido de una mosca cojonera. Aún no salgo de mi asombro por el hecho de que la nominaran al Emmy y al Golden Globe por poner caras de "estreñía" mientras hace los playbacks de las canciones que previamente ha grabado en un estudio. A veces creo que los miembros de la Academia podrían crear una especie de grupo de supervillanos llamado "La Liga de la Injusticia", pero cada vez me está quedando más claro que los miembros de la Academia tiene predilección por las actrices que sobreactúan, porque si no ¿a qué viene la candidatura a mejor actriz dramática de Kerry Washington por "Scandal"? Que se replanteen si Verónica Castro no debería haberlo ganado por "Los ricos también lloran"...

A veces "Glee" parece olvidarse de algunos de sus personajes. Eso resulta fácil en una serie coral como ésta, pero muchas otras series han parecido poder manejárselas bastante bien con un elenco coral (véase "Lost", una serie con muchísimos personajes, pero todos ellos muy bien dibujados y nunca olvidados). Esta afirmación hace que te surja otro gran interrogante: si a veces se olvidan de sus personajes ¿por qué nunca se olvidan de la existencia de Rachel Berry y así dan a la pobre audiencia un respiro? Por si el enorme número de personajes fuera poco, hacia la tercera temporada, la serie comenzó una especie de programa "talent show" llamado "The Glee Project" para seleccionar una nueva generación de "gleeks", y de ahí salieron unos nuevos estudiantes que no creo que haya ni un solo fan que recuerde el nombre de sus personajes...

La buena noticia es que, como no supone mucho tiempo elaborar el guión de "Glee" (dos líneas, canción, dos líneas más, canción que no tiene absolutamente nada que ver con la trama, pero que será un hit de ventas... y así sucesivamente hasta que se rellenan las 42 páginas de guión/42 minutos de episodio), Murphy ha tenido full time para dedicarse a su otra, mucho más interesante, serie "American Horror Story".


David



martes, 8 de octubre de 2013

Érase una vez una serie bastante malilla...

Por si no tuviéramos poco con el reciente estreno de la tercera entrega de "Once Upon a Time", que esta temporada ha prometido por fin sirenas (yo era el único motivo por el que seguía viéndola), mañana se estrena su spin-off: "Once Upon a Time in Wonderland". No tengo palabras para expresar lo que esto me produce en el estómago, pero lo intentaré, que para eso estamos...


¿Sabéis esos días que uno se despierta con ganas de destruir algo, lo que sea? Pues yo tengo uno de esos días. Así que, ante todo, mis disculpas a Edward Kitsis y a Adam Horrowitz (los creadores) por todo lo que voy a decir sobre su exitosa serie (audiencias que han llegado a los más de 12 millones de espectadores en USA claramente pueden considerarse un éxito, incompresible sí, pero un éxito...). La serie ha sido tremendamente oportunista, queriendo sacar provecho del filón de películas que revisionan y adaptan para las nuevas generaciones los cuentos de toda la vida. Estos últimos años tenemos varias muestras de ello: "Blancanieves (Mirror, Mirror)", "Blancanieves y la leyenda del cazador", "Caperucita Roja (¿A qué tienes miedo?)", "Hansel & Gretel: Cazadores de brujas", "Alicia en el País de la Maravillas", entre otras. Y agarraros que esto no para aquí: vienen un "Pinocho", una "Maléfica", una "Bella Durmiente", una "Cenicienta", una "Bella y la bestia", y segundas partes de las que mencionábamos antes...


Entiendo también que una de las gracias de la serie es ir viendo aparecer a los diferentes personajes de los cuentos, y ver quien los interpretará (aunque a veces tengan algunas salidas de tono, como por ejemplo, ¿qué pinta el Dr. Frankenstein en todo esto?). Pero esta idea tampoco es del todo original. En los años 80, ya hubo una serie presentada y narrada por Shelley Duval (la sufrida esposa de Jack Nicholson en "El resplandor"), que se llamaba "Cuentos de las estrellas", cuyos capítulos fueron dirigidos por cineastas de la talla de Tim Burton o Francis Ford Coppola, y donde era realmente gracioso ver a estrellas como Helen Mirren, Jennifer Beals, Matthew Broderick, Billy Crystal, Jeff Goldblum, Carrie Fisher, Vincent Price, Christopher Lee, Liza Minnelli, Christopher Reeve, Mick Jagger, Jeff Bridges, Joan Collins o Robin Williams, entre muchos otros paseándose por los cuentos más famosos de la historia.


Ciertamente, no puedo decir lo mismo de "Once Upon a Time", donde algunos actores lo hacen mal, pero mal de verdad; creo que he visto representaciones de "Els pastorets" del teatrillo de mi barrio, donde los niños lo hacían mejor. Especial mención a Emilie de Ravin (quien fuera Claire en "Lost", aquí interpretando el papel de Bella), que ya era justilla en "Lost", pero aquí su trabajo ya resulta escandaloso. La actriz sigue jugando con el color y la textura de su pelo, como en la última temporada de "Lost" (me encantaban aquellos grupos de Facebook que decían cosas como "Yo también le haría el alisado japonés a Claire"), yo tengo la teoría de que esta pobre chica se quedará calva... Todo este "bad acting" resulta chocante, sobre todo por el alto nivel de interpretación al que nos tienen acostumbrados los americanos y los británicos. Comprendo que tienen que exagerar para dar ese aire de "cuento" y tal, pero es que chirría por todas partes, haciendo incluso que llegues a desconectar de lo que está sucediendo. Parece una serie ochentera y no en el buen sentido de la palabra.

Quizás uno de los motivos por el que los actores andan como perdidos son esos decorados virtuales, como no ven nada de lo que están haciendo, ni por donde andan, pues están como piezas de ajedrez fuera de su tablero de juego. Pinta de estar sufriendo, la verdad es que sí que tienen...Estos cromas o pantallas verdes son demasiado descarados, ni una sola piedra o trozo de césped es real en el país de los cuentos, ya me molestaba en el "Alicia en el país de las maravillas" de Tim Burton, pero es que aquí ya me resulta perturbante por su mala calidad (hay programas del tiempo que insertan mejor al meteorólogo en el mapa de las previsiones para el día siguiente que los responsables de efectos especiales de "Once Upon a Time"). Yo creo que los actores hay veces que no saben ni con quien hablan, ni contra quien o qué luchan, si están volando, andando por un puente colgante, nada!

Creo que la serie también ha caído en su propia trampa, quiero decir que lo que era uno de sus mayores atractivos (ir conociendo a los diferentes personajes de cuentos) se ha convertido en una arma de doble filo, ya que la serie no puede sostener tantos personajes. Algunas tramas de personajes se quedan colgadas completamente. Otras, como la vuelta de tuerca de Caperucita Roja, aquí convertida en una mujer loba que se zampa a sus novietes, no son explotadas todo lo que querríamos. Es como si la trama andara tan perdida como los actores entre tanto croma. Incluso a la hora de definir quien es el malvado del cuento, tampoco han sido muy claros: es la reina malvada (Regina) y sus manzanas envenenadas, es Rumple-no-sé-qué-iskin (paso de aprendérmelo...), es Garfio, es la madre de Regina (Cora). Y si hablamos de la pareja protagonista, las orejas de soplillo de Blancanieves y su Príncipe Encantador, son la pareja más sosa y asexuada de la televisión. ¿Cómo llegaron a hacer el amor y concebir a Emma? Nunca lo sabré y nunca jamás podré llegar a imaginármelo...

Este año de momento ya nos han presentado a Peter Pan y en el piloto ha tenido lugar un ataque de sirenas asesinas que ya sirve de pequeña preview para la entrada de otro personaje, que yo personalmente (por motivos que ahora no vienen al caso) tenía especialmente ganas de ver. Se trata de Ariel (alias "La Sirenita"). Sigo pensando que los guionistas no sabrán encontrarle ninguna buena historia a este personaje y que lo desaprovecharán como han hecho con tantos otros, pero tengo que reconocer que me genera curiosidad (yo creo que ver "1, 2, 3 Splash" de tan pequeño me traumó o algo..., quizás se lo comente a mi psicólogo el lunes...).

Y colorín colorado, para mí este cuento ya hace tiempo que ha terminado...

David


domingo, 6 de octubre de 2013

Alicia en el país de los letradillos

El domingo pasado se estrenó la quinta temporada de "The Good Wife", oportunidad ideal para hablar de una serie que nos tiene enamorados. Sofisticación, elegancia, savoir faire, estilo, distinción, todos estos calificativos nos ayudan a dibujar una serie que derrocha exquisitez tanto en lo visual, como en las interpretaciones del elenco, en las líneas de su guión, como en la elección de las special guest stars. Una delicatessen ideal para paladares refinados, que hace las delicias de todos aquellos que tienen la gran suerte de saborearla semana tras semana.



La serie comenzó a emitirse en 2009, creada por el matrimonio formado por Michelle y Robert King. Supuso el retorno a la televisión de Julianna Margulies, quien ya triunfó durante 6 temporadas en "E.R./Urgencias", como la enfermera Carol Hathaway, papel por el que se llevó el Emmy a Mejor Actriz de Reparto y por el que fue la envidia de muchas, dado que consiguió llevarse en la ficción al deseadísimo George Clooney, después de sufrir la suyo, todo hay de decirlo. Ahora regresa convertida en Alicia Florrick, colgando los poco glamourosos uniformes sanitarios de color melocotón, para enfundarse caros vestidos de marca. Su cambio físico es espectacular. Personalmente, creo que Margulies es uno de los grandes logros de la serie: su manera de moverse andando con afilados tacones de avispa, la manera de apartarse su, ahora liso y lacio, pelo de la cara. Esa mirada que sin que parezca que dice mucho, lo dice todo. Esa belleza, no obvia pero penetrante, que enamora a la cámara y a todos los que nos encontramos detrás de ella. Como el buen vino, Margulies gana con los años. Con todo derecho, se ha llevado el Emmy y el Golden Globe a Mejor Actriz Dramática por esta serie.


La serie tiene un arranque dramáticamente perfecto: el fiscal del distrito Peter Florrick (Chris Noth, Mr. Big en "Sex and the City") convoca una rueda de prensa para reconocer públicamente su implicación en un escándalo sexual y de corrupción por el que deberá ir a la cárcel. Tras él, en un segundo plano, vemos a su esposa (Alicia), como una sombra, difuminada, sin maquillaje, siendo humillada públicamente por las declaraciones de su marido. Pero Alicia, lejos de dejarse hundir por la magnitud de estos recientes acontecimientos, decide retomar su carrera profesional como abogada, que había abandonado para hacerse cargo de sus dos hijos y pasar a ser "la esposa de...". Así es como entra a trabajar en la firma de abogados Stern, Lockhart & Gardner como letrada junior. De manera que en un principio la serie trata sobre cómo Alicia recobra su dignidad, y de cómo poco a poco va construyendo una fortaleza para no volver a ser una víctima.

En el despacho de abogados donde entra a trabajar, se encuentra Will Gardner, antiguo compañero de facultad de Alicia, con el que tuvieron un romance de juventud (Alerta! URST, URST, URST!!!). Los fans los llaman "Willicia". La verdad es que su tensión sexual echa chispas. Tienen su primer beso en la oficina en el episodio 1x17, cuando Alicia está intentando consolarlo por un caso que no ha ido demasiado bien, Will le aparta el pelo de la cara y la besa apasionadamente, ella se asusta y se va, pero antes de coger el coche decide volver a la oficina y dejarse llevar por la pasión, aunque no consiguen encontrarse. Con ellos siempre es una cuestión de "bad timing". Otro momentazo suyo es cuando en el episodio 2x23, con el subidón de haber ganado un caso, se van a un bar a beber tequila (nada como el tequila para ponerse a tono...), después de tonteos varios, deciden ir a un hotel para dar rienda suelta al deseo (obviamente en el hotel no queda ninguna habitación libre, el "bad timing" del que hablabamos antes). Acaban cogiendo la suite presidencial, la única que queda disponible, que vale 7.800$ la noche (la ocasión lo merece). Pillan el ascensor después de que una niña graciosilla le haya dado a todos lo botones, por lo que el ascenso hacia la anhelada suite se hará eterno, aún así hay que decir que esta escena del ascensor resulta brillante en todos los aspectos. Finalmente, llegan a la suite y la tarjeta para abrir la habitación no funciona, hasta que Alicia le arrebata la dichosa tarjeta con una elegancia exquisita, la desliza suavemente en su correspondiente rejilla y consiguen entrar en la habitación. Sólo diré que para grabarme la cara de tonto que debía meter yo mientras veía esta escena.

Otro gran motivo para querer ver la serie es el personaje de Kalinda Sharma (la investigadora del buffet de abogados), una tipa dura, peligrosa, una bad-ass en toda regla. Es inteligente, ambigua, enigmática, cínica, con una lengua muy afilada. También es muy sensual, de hecho juega con su sensualidad para conseguir lo que quiere, y digo "juega" porque durante prácticamente dos temporadas no queda clara su orientación sexual y todo ello forma parte de su misterioso encanto. Es capaz de mantener la calma incluso en las situaciones más difíciles. Siempre con un talante frío, distanciado de todo ("Cuanto más te vinculas a tus clientes, menos les puedes ayudar"). Con sus altas botas negras, sus guantes de cuero negro, su colección de chupas de cuero, su pelo recogido y la libretita de notas que la acompaña a todas partes. Un personaje que guarda un devastador secreto que afecta a Alicia, que no revelaré para no spoilear, pero que cambiará su buena relación para siempre. De hecho, desde el comienzo, uno puede ver que hay dolor y miedo en su mirada.

Otro personaje, curiosamente también femenino, que resulta delicioso es el de Diane Lockhart, otro de los socios del buffet. Tiene siempre unas opiniones muy fuertes y cuando Alicia entra a trabajar para la firma tiene sus reticencias, porque no cree que pueda estar a la altura, pero con el tiempo se convierte en una especia de mentora para ella, sin decirle lo que tiene que hacer, pero dándole las directrices justas para que aflore el talento que Alicia ya tiene de manera innata. Con un físico peculiar (recordemos que la actriz tiene 61 años), pero tremendamente elegante, sus expresiones faciales no tienen desperdicio.


Como hemos dicho antes, la lista de special guest stars que se han paseado por la serie es de lujo. Desde un fantástico Michael J. Fox, interpretando a un abogado rival de Alicia, que aprovecha su enfermedad para dar pena al juez y ganarse la simpatía de los miembros del jurado. Martha Plimpton, que también usa su embarazo y más adelante a su bebé para ganar adeptos entre el jurado. Dylan Baker, como el inquietante cliente de Alicia, acusado de asesinar a su esposa, un pervertido escalofriante, que aún así consigue ganarse nuestro afecto. Matthew Perry, como rival en la carrera de governador que comienza Peter Florrick (en concreto una escena en la que intenta convencer a Alicia de que no ha dicho algo que en un episodio anterior dijo y que le compromete, que hace que la propia Alicia dude de su memoria, Chandler se vuelve malo...), Mamie Gummer (la hija mayor de Meryl Streep), que hace de otra rival de Alicia en las salas de juicio, que usa su supuesta inocencia para hacerse la tonta y ganar los casos. Stockard Channing (quien fuera la rebelde Rizzo en "Grease") hace el papel de la frívola madre de Alicia, todo un personaje. Entre muchos otros.

Estoy seguro de que la serie seguirá ofreciéndonos un montón de casos interesantes, sobre todo aquellos que tiene que ver con la imprecisión de las leyes respecto a temas relacionados con las nuevas tecnologías, algo relativamente nuevo, sobre lo que las leyes aún tienen muchas lagunas. El glamour de Alicia, Kalinda y Diane (tres tipos de elegancia muy distintas) seguirán llenando la pantalla. Y seguiremos disfrutando de una serie donde hasta el más pequeño detalle está cuidado con minuciosidad.

David


martes, 1 de octubre de 2013

Mr. Heisenberg y Dr. White

Una de las mejores series que se han realizado hasta el momento ha llegado a su fin. Una de las mejores series, sí, no sólo por su magnífica realización, con planos imposibles y un magistral uso del lenguaje audiovisual, sino también por su increíblemente bien estructurado guión: no hay capítulos de relleno, no hay momentos de aburrimiento, incluso al final, cuando la mayoría de series decaen, Breaking Bad ha mantenido una tensión creciente capítulo a capítulo en su última temporada. Ningún hilo suelto, toda la historia ha estado tan bien entretejida que nos hace pensar que una vez dentro del mundo narco, Walter White no tenía más escapatoria que seguir sobreviviendo. Aunque eso no era del todo cierto.


Era la ley del más fuerte, sí, y Heisenberg no era el más fuerte, pero sí el villano más listo, más inteligente y genial que haya existido nunca. ¿Villano? No, para mí no. Anithéroe, quizá sí. Todo el mundo a su alrededor acabó llamándolo monstruo, pero, ¿qué era lo que le hacía ser un monstruo? ¿en qué momento comenzó a convertirse en un monstruo?

El orgullo: Cuando el orgullo camina delante, vergüenza y daño van detrás. Es un proverbio francés. Es lo que dejó detrás Walter, aunque intentó remediarlo. El orgullo es lo que hizo que Hank volviera a tener la sospecha de que no habían acabado con Heisenberg. Es lo que le hizo volver a ser Heisenberg. Es lo que todo el mundo llevamos dentro en mayor o menor medida. Walter era un genio que nadie había valorado, su increíble inteligencia se veía desperdiciada dando clases en el instituto y lavando coches. Además, su orgullo estaba herido porque sus antiguos compañeros de universidad le habían robado la empresa en una turbia historia de coacción, y de orgullo también, porque Walt dejó esa empresa por orgullo. Así que se convierte en su fuerza destructora y su fuerza creadora.

La vida y la muerte: Walter, finalmente, le confiesa a su mujer que el verdadero motivo de haberse metido en todo esto no era la familia sino él mismo, porque le hacía sentir vivo. Al principio de la historia sí lo hace por la familia, porque realmente se siente ya muerto. Pero después del punto de inflexión donde puede dejar el mundillo y no lo hace, ahí es donde se da cuenta de que le hace sentir vivo. Todo lo contrario que al resto de los personajes: Skyler y Jesse, sobre todo Jesse, se sienten cada vez más muertos por dentro. Y finalmente Walter busca su muerte en su preciado laboratorio, un final perfecto para que descanse en paz y nosotros no sintamos esa sensación de final triste, porque en el fondo, es un final feliz, donde Walter finalmente dejaría de luchar contra la muerte y su cáncer.

El mal: Breaking Bad siginifica volverse malo. Todos los personajes se ven atrapados poco a poco por su lado oscuro a medida que transcurre la historia. Las circunstancias y la ley del más fuerte en el mundo del narcotráfico hacen que Walter se vea obligado a hacer cosas horribles, pero no es mala persona, lo hace por necesidad (parafraseando a Hanna McKey de Dexter, hay gente que suma y gente que resta, es lo que hacía Heisenberg) aunque acabe pareciendo un monstruo. La conclusión es que, quien se mete en el mundo de las drogas, no sale sin pasar antes por el infierno, y en ese transcurso, o mueres o te conviertes en un demonio.

No puedo evitar ponerme de parte de Walter White y excusar u olvidar las cosas malas que tuvo que hacer, quizá porque me encandila su inteligencia y me frustra que su genialidad pasara desapercibida en un mundo "normal". Vince Gilligan ha sido un maestro creando a un personaje tan complejo y polémico como Walter White y una trama tan bien elaborada. Las series suelen parecerme una enciclopedia de la psicología humana, porque saben sacar en forma de personajes lo mejor y lo peor que llevamos dentro. Puede que mi parte malvada y orgullosa sea la que se siente identificada con Heisenberg. Porque, en resumidas cuentas, todos tenemos un Mr. Hyde dentro, aunque nos empeñemos en mostrar sólo al Dr. Jekyll. ¿Es posible que la verdadera genialidad sólo se muestre liberando al monstruo que llevamos dentro?



Naiara