sábado, 30 de mayo de 2015

Always Coca-Cola!



Hace ya casi dos semanas que los publicistas de Madison Avenue nos dijeron adiós, dejando un vacío irremplazable. Está claro que hay muchas series buenas en la actualidad, pero ya llevábamos casi 8 años compartiendo mad moments con esta mad people, con sus complicados mad men y sus maravillosas mad women. Don, Peggy, Joan, Betty, Roger, Sally e incluso Pete serán difícíles de reemplazar. "Mad Men" ha sido una serie de personajes, unos personajes que, con el gran talento de su creador Matthew Weiner, han conseguido traspasar la pantalla, trasladarnos al Nueva York de los años 60, con su ropa, su música y su estilo. Muchos son los medios que han bautizado a "Mad Men" como aquella serie en la que no ocurre nada, quizás sea cierto, pero ¿cómo puede ser que en la serie donde nunca ocurre nada, tras ocho años, tengamos la sensación de que hemos vivido tantas cosas con estos personajes que pervivirán para siempre en los anales de la ficción televisiva?. Sólo hay una respuesta posible: "Mad Men" es una serie fantástica, que no tiene parangón, y que no ha necesitado de recursos culebronescos, ni de grandes cliffhangers de final de temporada, sino que le ha bastado con unos personajes interesantísimos y muy bien dibujados para ofrecernos todo lo que necesitamos de una serie y mucho más.


En los últimos días antes del desenlace de la serie, muchas fueron la teorías, casi conspiratorias, que flotaban por la nube cibernáutica sobre cuál iba a ser el final de "Mad Men". Concretamente, una que a mí me llamó especialmente la atención es aquella que relacionaba a Don Draper con D.B. Cooper, nombre atribuido a un hombre que secuestró un avión en Estados Unidos el 24 de noviembre de 1971, y que recibió un rescate de 200 000 dólares, para luego saltar en paracaídas desde la aeronave. El nombre que el secuestrador usó para abordar el avión fue Dan Cooper (inquietantemente parecido al del protagonista de "Mad Men"). Muchos eran los que relacionaban la caída del hombre de silueta oscura que aparece en los títulos de crédito iniciales de la serie, con el de ese personaje que consiguió escapar de la justicia, creando una incertidumbre sobre su paradero que continúa intrigando al público. Por apasionante que fuera esta teoría, ahora podemos decir con conocimiento de causa que poco se ha acercado al desenlace de la serie.

Lo cierto es que el parecido entre Don Draper y Dan Cooper es asombroso, tal y como podemos observar en el retrato robot que las autoridades hicieron circular en su momento.



Lo que sí que todas las teorías parecían apuntar es el mal final que le esperaba a Don. Claramente, la serie ha sido un constante descenso hacia los infiernos de su personaje principal. Ese hombre que le arrebató la vida y la identidad a un compañero de guerra y que consiguió reinventarse a sí mismo y crear el mejor producto de la historia de la publicidad americana: Don Draper. Si era capaz de vender ese hombre creado de la nada, sería capaz de vender cualquier cosa. Aún así, a lo largo de la serie, muchas han sido las veces que hemos visto a Don caer en el abismo y resucitar de sus propias cenizas, aunque esta vez todo parecía indicar que el último día de Don Draper estaba ya muy cerca. De ahí el gran mérito de Weiner de sorprendernos con un final que pocos esperábamos y que no por ello ha sido menos brillante y menos coherente; más lo contrario, ha conseguido darle un broche final de excepción a una serie que ciertamente ha marcado un antes y un después en las ficciones televisivas.


Las últimas llamadas de Don:

La acción del último episodio nos sitúa a un Don perdido en medio de la nada de algún lugar en Utah, jugueteando con la velocidad al más puro estilo James Dean, rollo "vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver...". Totalmente desvinculado de su vida de ejecutivo agresivo de las agencias de publicidad neoyorquinas. El primer toque de realidad que recibe es al llamar a su hija Sally, ésta, convertida ya en toda una mujercita, no es capaz de ocultarle a su padre que a Betty (aquella mujer infeliz pegada a un cigarro) le ha sido diagnosticado un cáncer de pulmón en un estado tan avanzado, que poco pueden hacer los médicos para salvarla. La noticia resulta devastadora para Don, que poco tarda en traicionar la confidencia de su primogénita para llamar a Betty en un de los momentos más conmovedores de este episodio final. Don habla con Betty tratando de mantenerse en equilibrio sobre la delgada línea que separa su enfado de su inmensa tristeza. Se me pone de nuevo la piel de gallina cuando tras un doloroso silencio Don le dice a Betty: "Birdie..." y ella responde: "I know...". Ni en un momento así Don es capaz de decirle cómo la ha querido a pesar de todo lo que le ha hecho y lo mucho que la sigue queriendo, porque sí, se puede hacer mucho daño a alguien, ser un auténtico bastardo con esa persona, pero aún así quererla hasta lo más adentro de tus entrañas; así de complicado es el ser humano. Pero "Birdie" ha volado del nido de Don para siempre y esta vez para iniciar un viaje sin retorno...


La tercera y última conversación telefónica tiene lugar con otra mujer, que aún y no ser ni la hija ni la ex-esposa de Don, es una de las mujeres más importantes de su vida. Don parece que ha tirado la toalla, se encuentra en una especie de retiro espiritual situado en una casa con grandes extensiones de césped situada al lado de un acantilado de las costas californianas. Todo parece indicarnos que Don ha decidido apartarse del medio, no ha conseguido, a pesar de reinventarse a sí mismo, encontrar el producto que todos estamos buscando cuando encontramos algo: la felicidad. Ni todos los éxitos publicitarios, ni todo el dinero y el glamour del mundo de la publicidad de los años 60 y principios de los 70 ha conseguido borrar de su alma a aquel niño a quien incluso su propia madre le dio la espalda y que tuvo que crecer y forjar sus parámetros morales en un burdel. Por ese motivo llama a alguien que también ha sido capaz de reinventarse a sí misma, de demostrar con su talento que es capaz de ocupar la misma posición que los hombres en un mundo lleno de testosterona. Peggy Olson. Don le confiesa a Peggy todo lo que ha hecho, en lo que parece un último legado. Peggy no para de repetirle que vuelva a casa...

Don: Lo he echado todo a perder. No soy el hombre que crees que soy.
Peggy: Don. Escúchame. ¿Qué has podido hacer que sea tan malo?
Don: Rompí todos mis votos. Escandalicé a mis hijos. Tomé el nombre de otro hombre y conseguí nada con eso.
Peggy: Eso no es cierto.
Don: Sólo llamé porque me di cuenta de que nunca te dije adiós.
Peggy: No creo que debas estar solo en este momento.


Pero ni la conversación con Peggy, con la que ha compartido momentos tan intensos como el que vivimos en el episodio en que Don visita a Peggy cuando ésta acaba de tener un bebé y éste le dice "Esto nunca ocurrió. Te sorprenderías de cuántas cosas nunca ocurrieron", dejándole claro que no debe dejar que un hijo arruine su ascendente carrera dentro del mundo de la publicidad. O lo que compartieron en el maravilloso episodio 4x07 ("The Suitcase"), todo un manual de cómo hacer un episodio excepcional.

De esta manera, vemos a Don despedirse por teléfono de sus tres pilares en la vida, su hija, su ex-esposa y su protegida. Tres emotivos momentos que no hacen más que confirmar cuánto talento tiene el equipo de guionistas de Wiener y el espléndido trabajo de todos y cada uno de sus actores y actrices.

El gran giro final que Weiner nos tiene preparado nos viene de la mano de un desconocido. Don decide asistir a una terapia de grupo, donde un hombre se pone a hablar de su miserable vida, y por alguna razón Don empatiza totalmente con su situación, con su tristeza, con su desolación absoluta, y cuando este desconocido rompe a llorar desconsoladamente, Don se levanta y le abraza como no le he visto abrazar a nadie en 7 temporadas. Don que ha ido busando la salvación en toda la gente que lo rodea, finalmente la encuentra en un desconocido, que consigue hacerle ver que aún tiene que seguir luchando y haciendo lo que mejor sabe hacer, vender la felicidad.


Inmediatamente después de esta emotiva escena, vemos a un Don sin gomina en el pelo, con el cuello de la camisa abierto y descalzo en posición de yoga, sentado sobre un verde césped al lado de un acantilado, con el ténue murmullo de las olas del océano Pacífico, y durante esos momentos de meditación, en los que parece que Don se retirará de la caótica vida de Madison Avenue y se convertirá en una especie de Hari Christner, un cling hace que se dibuje una pícara e intrigante sonrisa en su rostro. Dicha imagen va inmediatamente seguida del anuncio de Coca-Cola "I'd Like to Buy the World a Coke" de 1971, con ese pegadizo estribillo que dice "I'd like to teach the world to sing / In perfect harmony / I'd like to buy the world a Coke / And keep it company / That's the real thing.". Don y su corta aventura con la meditación, no le han llevado a convertirse en una persona zen o en alguien distinto; sólo le han llevado a crear la campaña publicitaria más influyente de la historia del márketing. Don vuelve a lo que mejor sabe hacer, convertir en real una felicidad no real, prefabricada, como la Coca-Cola, el sabor artificial de mayor éxito a nivel mundial y cuya receta secreta siempre será una de los misterios mejor guardados del mundo, es "The Real Thing".


Antes de este final se nos da un cierre a todas  las historias de los personajes principales. Por un lado tenemos a Peggy, que finalmente se da cuenta que el trabajo es importante, pero que también tiene que cuidar su vida personal y especialmente el amor, que lo ha tenido frente a sus ojos todo este tiempo sin darse cuenta. Estoy hablando de Stan. Así tiene lugar una bonita escena romántica, al más puro estilo de las películas de Audrey Hepburn o Cary Grant, que aunque resulta algo forzada o precipitada, le da a Peggy el broche final que se merece. No quiero hablar de Peggy por última vez sin mencionar su triunfante aparición en McCann-Erickson cargando con todos sus bártulos, entre los que se encuentra una repografía de la obra "El sueño de la mujer del pescador" del artista japonés Hokusai (obra que representa la liberación sexual de la mujer), luciendo unas gafas de sol super-cool, sosteniendo un cigarrillo en los labios y en slow-motion. De esas imágenes para la posteridad, como tantas otras no ha ofrecido esta serie.


En el momento previo al sorprendente final de Don, se nos muestra una secuencia de imágenes donde podemos ver lo que será la vida de los personajes a partir de ese momento. Así vemos a Peggy feliz junto a Stan, por fin habiendo conciliado su vida profesional con su vida personal; a Roger Sterling feliz en un café de París junto a la madre de Megan, con la que posiblemente se ha casado o juntado; a Pete Campbell con pinta de millonetis subiendo a un avión junto a su esposa de siempre; A Joan atendiendo al teléfono en la productora que ha montado en su propia casa, para poder cuidar de su hijo, como madre soltera y mujer independiente; y, finalmente, la imagen más demoledora de todas, cuando vemos a Sally haciéndose cargo de la casa, porque Betty está enferma sentada en una silla de la cocina fumando como un carretero, como hará hasta el último aliento que le quede de vida.


Algo que me resulta realmente fascinante del final de la serie es el hecho de como la historia de todos estos personajes de ficción parece que esté vinculada con la realidad. La empresa McCann-Erickson fue la que en realidad lanzó en 1971 el famoso spot de Coca-Cola, por lo que parece que podamos creer que detrás de esa idea hubo un vedadero Don Draper, que regresó a Madison Avenue para crear la idea de "The Real Thing" junto a su siempre fiel Peggy Olson y que finalmente Joan Harris, desde su productora Harris/Holloway (sus dos apellidos el de casada y el de soltera, porque ella y sólo ella es su propia jefa a partir de entonces), fue la que lo rodó. Un broche perfecto para una serie que roza la perfección.


David

viernes, 20 de marzo de 2015

Y el pepino se puso amargo...

El jueves de la semana pasada finalizó la serie británica "Cucumber", creada por Russell T. Davies, creador del "Queer As Folk" original y del revival de "Doctor Who" en 2005. La serie formaba parte de un una especie de trilogía televisiva llamada "Cucumber/Banana/Tofu"; estos tres títulos provienen de un estudio científico sobre la erección masculina que dividió el nivel de dureza de la erección en una escala que consiste en diferentes estados: tofu, plátano pelado, plátano y pepino. "Banana" es una serie corta que se emitía después de "Cucumber", que giraba en torno a algunos de los personajes secundarios que aparecían en "Cucumber" y "Tofu", que se emitía justo después de "Banana", es una serie documental que se centra en algunas actitudes sexuales del siglo XXI desde la perspectiva de gente común.


"Cucumber" se centra en un hombre gay de mediana edad, Henry Best (Vincent Franklin), lidiando con la vida en pareja con su novio con el que lleva nueve años, Lance Sullivan (Cyril Nri). La serie hace una buena disección de la vida en pareja, más allá de la temática gay. Una pareja que se quiere a rabiar, pero entre la que hay cero química sexual, algo más común de lo que pueda parecer. ¿Puede una pareja sobrevivir si el sexo no funciona? ¿Pueden el amor, el cariño, el respeto y la admiración ser suficientes para mantener a dos personas juntas cuando algo tan físico, básico y animal como es el sexo no termina de funcionar? Es una pregunta interesante y de difícil respuesta. La serie no pretende dar respuestas, pero sí que nos muestra la vida de unos gays de cuarentaimuchos, porque los cuarenta son para mucha gente hoy en día los nuevos treinta. Mucha gente sigue sin tener su vida encauzada cuando cruza la temida frontera de los cuarenta.


Hasta el espléndido episodio 1x06, la serie se caracterizó por un tono más bien cómico, lleno de situaciones entre burlescas y patéticas, como cuando una vecina de Henry y Lance, se los encuentran una mañana y le dice a Henry que si puede empezar a masturbarse más lejos de la ventana, que su hijo menor de edad puede verle. Esto se lo dice frente a su pareja, Lance, con el que ya hace tiempo que no mantiene relaciones sexuales... Pero aún así, incluso antes del ya mencionado episodio seis, la seria ya había mostrado pequeños dramas de personajes secundarios, como el amigo de Henry y Lance que les cuenta que su esperma hace un tiempo que tiene un aspecto anaranjado. Las bromas en torno al tema no cesan, hasta que nos es anunciado que al personaje en cuestión le han diagnosticado un cáncer...


La serie nos muestra una realidad muy distinta a la que nos mostró Russell T. Davies en su primera serie de temática gay. Davies regresa a Canal Street, la calle llena de bares y discotecas de ambiente de "Queer As Folk". Pero el ambiente está lejos de ser la zona de cruising de aquel entonces, ahora las App's como Grindr, Tindr , ..., son las que dominan el cotarro y determinan con quien terminarás pasando la noche en la cama... Y sobre todo Davies nos hace un buen análisis de lo que supone el paso del tiempo, hacerse mayor. Como decía antes, ya no se trata de los treintañeros en la flor de la vida de QaF. Ahora con cuarentaitantos, la chispa se ha apagado y espera eternamente volverse a encender...


Todos los episodios comienzan con su protagonista (Henry) comprando en el supermercado, comprando y fijándose en los chicos que hay por los pasillos. Todos los episodios excepto el ya mencionado episodio seis; aquí es Lance el que aparece comprando en el súper, pero eso no es lo más desconcertante, lo más inquietante de ese comienzo de episodio es que tras ver a Lance pasearse por los pasillos como habíamos visto a su compañero sentimental, con el que a esas alturas podríamos decir que ha roto la relación, aparece un rótulo al más puro estilo "Six Feet Under", que nos anuncia su fecha de nacimiento y su fecha de defunción: Lance va a morir en ese episodio... En ese momento, todos nos damos cuenta que ese hasta entonces pepino más bien dulce se va a poner amargo...


Desde que Henry y Lance se habían medio separado, este último había comenzado a sentir algo por un nuevo compañero de trabajo hetero, Daniel. Un hombre atractivo al que en principio no le gustan los hombres, pero al que ciertamente le gusta jugar. ¿Es un gay que todavía no ha salido del armario o se trata de un tipo al que simplemente le gusta gustar, sean hombres o mujeres? A partir del momento que se nos anuncia la fecha de defunción de Lance, nos quedamos engachados a la pantalla observando su historia. Se nos hace un flashback muy bien editado de lo que ha sido su vida durante los últimos 44 años. Así asistimos a su nacimiento, a la repentina muerte de su madre, a la primera charla sobre sexo con su padre, a su primera Playgirl, a su primera habitación de universidad, a su primer disco de "Eurythmics", a su primer beso con una chica, a su primera experiencia gay, a su primer contacto con el Sida...


Este estupendo montaje de imágenes es un recurso a la vez eficaz y cruel. Eficaz porque a través de su rápido editaje vamos asistiendo al paso del tiempo observando cambios como la música, el estilo de la ropa, cómo pasamos de los vinilos, a los CDs y finalmente a la música guardada en el I-Phone. Cómo Lance pasa de ser un jovencito que es el rey de la pista en las discotecas y el centro de atención, a ser un cuarentón al que nadie mira en los clubs, como si fuera un bafle más... Cómo dejas de ponerte tu mejor ropa interior o atender detalles como cortarte las uñas de los pies antes de salir de fiesta, porque ni tan solo contemplas la posibilidad de llevarte a alguien a casa esa noche... Y cruel porque conociendo más al personaje de Lance, nos será mucho más doloroso tener que decirle adiós...


Precisamente hasta ese episodio, la historia que más me había enganchado era la de Lance y su nuevo compañero de trabajo. Pero vemos que esa historia de flirteo va a tomar un giro oscuro, sombrío. No explicaré lo que pasa para no spoilerar más de lo que estoy spoileando, pero se trata de un episodio lleno de señales de que algo muy terrible va a suceder. A medida que comienza la "cita" entre Lance y Daniel, te vas dando cuenta de que Lance está entrando en un callejón sin salida, no puedes olvidar el rótulo del comienzo del episodio que te anunciaba su muerte. Tampoco puedes olvidar que en principio estás viendo una comedia y que nada malo debería suceder. La parte ingenua que todos llevamos dentro está deseando que todo se trate de una broma y que finalmente Lance salga de esa "cita" con vida. Pero en un interesante momento del episodio, Lance se acerca a uno de los canales de Canal Street y una mujer de unos cincuentaitantos le dice que se piense realmente si quiere ir con Daniel a su casa. Esa mujer es una de las almas errantes de todos los gays y lesbianas que han muerto en los canales de Canal Street, víctimas de un suicidio por la incomprensión social ante su condición sexual, víctimas de un acto de homofobia o simplemente porque llegó su momento... Decimos adiós a Lance de una manera espeluznante que no revelaré, porque creo que es un verdadero shoch televisivo, que vale la pena vivir en primera persona.


El episodio siguiente tiene una maravillosa escena de Henry, con sus dos amigos Dean y Freddie, atrapados en un coche a causa de una fuerte lluvia. Acaban de asistir al funeral de Lance, por lo que los sentimientos están a flor de piel, especialmente para Henry. El coche se convierte en ese espacio cerrado donde afloran los sentimientos, ese espacio íntimo de confesiones, del que no se puede escapar...


La serie te hace pasar buenos momentos con su hábil sentido del humor. Muy gracioso el momento en que Lance confiesa a Henry que tiene una cancioncilla grabada en la cabeza y que no logra saber cuál es el título, sólo recuerda que debe ser alguna canción de Eurovisión. Luego le vemos en la ducha y descubrimos que lo que está tarareando es en realidad el "La La La" de Massiel... O cuando aparece una mariliendre de estas que siempre sale por el ambiente con sus amigos gays y que luce una larga melena de color blanco a los que todos tus amig@s llaman Khaalesi...


En principio la serie termina en su episodio 8. Un episodio que cierra de manera bastante convencional todas las tramas, pero no por convencional deja de resultar interesante.

David

viernes, 20 de febrero de 2015

El Seriátrico: Luz de luna (Moonlighting)


"Agencia de detectives Luz de luna. Le ayudaremos a resolver su caso, a su novio encontraremos y si necesita algún consejo, con gusto se lo daremos. Le han robado el monedero, con el ladrón daremos. Estamos en la brecha si el asesino acecha. Somos una agencia con clase y en los precios no hay desfase" Es uno de los ocurrentes versos que la Srta. DiPesto, aquí en España era la Srta. Topisto (secretaria y recepcionista de la agencia de detectives Luz de luna) soltaba cada vez que recibía una llamada. Ha llegado el momento de rendirle homenaje a esta serie de difícil clasificación: en parte comedia romántica, en parte serie detectivesca, y por otro lado metaserie, con sus constantes referencias a otras series, a películas o incluso a ella misma, cuando los protagonistas se dirigían a los espectadores, rompiendo la cuarta pared, aunque no de manera inquietante como Kevin Spacey en "House of Cards", sino de manera simpática y autorreferencial.


"Luz de luna" toma como punto de partido el momento en que Maddie Hayes (Cybill Shepherd), una modelo en horas bajas, cae en bancarrota. Su contable le aconseja que venda algunos de los negocios en los que invirtió, entre los que se encuentra una pequeña agencia de detectives, de la que prácticamente no había ni oído hablar. Maddie se dirige a la agencia con la intencíón de cerrarla, pero allí se encuentra con el descarado David Addison (un jovencito Bruce Willis), con el que rápidamente se crea un rifi-rafe que durará 5 temporadas y que no le pondrá las cosas fáciles a Maddie.


Cybill Shepherd ya era una estrella más o menos consolidada en aquel entonces cuando dio comienzo la serie en marzo de 1985 en la cadena ABC. Su belleza y su encanto eran innegables, pero su personaje de Maddie traspasó todas las expectativas. Ese peinado, que muchas mujeres de la época intentaron copiar llevando recortes del Teleindiscreta a su peluquera de toda la vida y diciéndole algo así como "Bonita, esto es lo que quiero...". Esas camisas de seda, que lucieron toda la gama cromática del rosa y los colores pastel. Esas hombreras que acentuaban todavía más las ya de por sí anchas espaldas de la actriz (eran los ochenta, si eras una working girl y no llevabas hombreras no eras nadie...). Siempre estupenda con su bolso a juego con los zapatos. Vamos, todo un fenómeno para la moda femenina de la época...


Pero si alguien sacó verdaderamente provecho de su intervención en "Luz de luna" fue el hasta entonces desconocido Bruce Willis, que con el insolente, deslenguado y encantador sinvergüenza David Addison consiguió ganársenos a todos. Con su media sonrisa picarona, esas entradas interesantes, su incontinencia verbal y esa miradita hizo que no sólo la buena de Maddie cayera rendida a sus pies, sino el propio Hollywood, puesto que este papel catapultó su carrera y lo convirtión en uno de los héroes de acción más emblemáticos (el John McClane de "La jungla de cristal"). Willis era 5 años más joven que su compañera de reparto, estrenó la serie pues con treinta añitos recién cumplidos. Sólo él era capaz de conseguir que algo tan hortera como llevar gafas de sol en una oficina o dentro de un bar nocturno tuviera un encanto especial. Incluso cuando aparecía tirado en su despacho, con ojeras y un aspecto andrajoso y desaliñado los lunes tras su fin de semana de juerga, tenía su encanto...

Está claro que una de las claves del éxito de la serie fue la química existente entre estos dos actores, una química que traspasaba la pantalla, un URST en toda regla. Estaba claro que estos dos eran algo más que socios. La entrañable Srta. DiPesto y todos los telespectadores estábamos convencidos de que estaban hechos el uno para el otro, sólo faltaba que ellos dieran un respiro a sus continuas trifulcas y se dieran cuenta de que todo eso no era más que un refrenado deseo de estar juntos. Sus peleas eran antológicas, imposible contar las sartas de improperios que se lanzaban, los puñetazos, bofetadas y pisotones que Maddie le arreó a David a lo largo de toda la serie. Constantes gritos saliendo de sus oficinas. La de veces que se tiraron jarrones de flores o pisapapeles en los depachos, cuyas puertas debían ser de madera de roble, para poder resistir el sinnúmero de portazos que les pegaron...


                                    David (le trae flores a Maddie): Las vi y me acordé de ti...
                                    Maddie: ¡Son de plástico!

En la tercera temporada, desarrollaron al máximo el potencial de la relación entre ellos, cuando hicieron aparecer un antiguo amor de juventud de Maddie (Sam, nada más y nada menos que un astronauta interpretado por Mark Harmon) y eso despierta los celos más irracionales en David, que incluso boicotea una velada de Maddie y Sam en un restaurante de etiqueta, con la excusa de que necesita hablar con ella sobre un caso de la agencia. Revisionándolos, me enganché un montón en esta parte. Todo ello fue el detonante de que David y Maddie terminaran juntos Aaunque sólo fuera durante algún tiempo) y de que tuvieran una primera cita oficial en una lavandería abierta las 24 horas, la escena de amor más romántica en una lavandería que he visto, con permiso de Isabel Coixet. Hacia el final de la tercera temporada, la actriz Cybill Shepherd se quedó embarazada, como la noticia no fue capaz de eludir a la prensa, tuvieron que adaptar el guión de la serie a la nueva situación.


Otro elemento entrañable, sobre todo si se revisiona la serie hoy en día, es ver cómo han cambiado las cosas. Esos detectives que sin usar los móviles eran capaces de comunicarse e incluso resolver casos, increíble pero cierto. Me encanta que en la agencia reciban cartas y no mails. Maddie en la era pre-Excel haciendo números de las ganancias de la agencia con una calculadora gigantesca a lo azafata del Un, dos, tres. Esos horterísimos (vistos desde la perspectiva actual) ascensores de paredes doradas que servían para llegar a la planta en la que se encontraba la agencia. Recursos televisivos que ahora resultan tremendamente retros, como la pantalla partida cuando David y Maddie hablan, perdón, discuten por teléfono. Revisisionando los episodios, me teletransporté completamente a aquella época en la que yo estaba en 5º de E.G.B y cada viernes comentaba con los compañeros de clase el episodio que TVE1 (no había mucha opción de canales para aquel entonces) había emitido la noche anterior.


Fue una serie pionera en muchos sentidos, a su creador Glenn Gordon Caron (que en el 2000 volvería a tener un gran éxito con la serie "Medium") le encantaba hacer experimentos; por ello pudimos ver un episodio ambientado en la Padua medieval, con todos los personajes vestidos como caballeros, doncellas y escuderos; otro en blanco y negro, presentado por el mismísimo Orson Welles, a lo cine noir, con Cybill Shepherd con un peinado a lo Rita Hayworth en "La dama de Shanghai" cantando con su propia voz el "Blue Moon" mientras Bruce Willis, le acompañaba a la trompeta; incluso un episodio presentado como un pseudo-documental. A los guionistas no les importó arriesgarse y en muchas ocasiones salieron airosos de los propios retos que se marcaron.


Algunos de los casos que tenían que resolver como detectives no estaban nada mal y eran bastante originales. Un caso en el que el "presunto" cadáver acaba convirtiéndose luego en el principal sospechoso de otro asesinato perpetuado tras su "presunta" muerte. Otro en la que el cadáver es un pintor cuya última obra antes de morir es un retrato de Maddie, al que ella no conocía, ni siquiera había posado para él. Una mujer, cuyo esposo acaba de fallecer y se planta en la agencia de Maddie y David para pedirles que velen al muerto la noche antes de ser incinerado, porque éste cuando estaba en vida juró matarla desde el más allá. Otro cliente pide los servicios de los detectives tras haber asesinado a su esposa, porque un día después de matarla, recibe una llamada de la víctima. Todo ello se prestó a que hubiera constantes escenas de acción, persecuciones de coches o luchas cuerpo a cuerpo en las azoteas de los edificios de Los Angeles. Se usaban muchos recursos de manual de guión cinematográfico, pero que funcionan a la perfección, como la ley que dice que si no ves a alguien morir en pantalla, aunque todo indique que ha muerto, puede seguir vivo.

Como he dicho antes, otro punto fuerte de la serie eran sus metarreferencias constantes, en las que los personajes mismos dejaban claro que se encontraban dentro de un programa de televisión, interpelando al espectador, o cuando se planteaba un dilema o una cuestión soltando frases como "A ver lo que dice el guión", o David cuando se encontraba en una situación que no tenía ni pies ni cabeza soltaba comentarios como "Están de huelga los guionistas ¿o qué?" . O incluso a veces ellos mismos eran los que presentaban el episodio, como si se tratara de "La hora de Alfred Hitchcock".

La serie fue cancelada repentinamente en su quinta temporada. Cybill Shepherd había dado a luz a gemelos, por lo que andaba algo ocupada, Bruce Willis estaba bastante ocupado ahora que era una estrella solicitada en Hollywood gracias a su intervención en "La jungla de cristal" y las audiencias de la serie habían caído estrepitosamente. Su final fue precipitado, pero una vez más el ingenioso equipo de guionistas dio con un recurso original. Tras la boda de Agenes y Herbert, David y Maddie regresan a la agencia y se encuentran con un grupo de gente retirando el decorado. Ellos no entienden lo que está pasando hasta que un productor ejecutivo de la cadena ABC les notifica que la serie ha sido cancelada, que la gente ya no soportaba más sus gritos y que no había podido aguantar que nunca terminaran juntos. Incluso durante ese episodio se estaba llevando un caso de la semana (el ahora emblemático "Caso Anselmo"), que quedará eternamente por resolver, debido al repentino y agridulce final de la serie.


Por siempre, Maddie Hayes, David Addison, Agnes DiPesto, con el noviete que le encontraron hacia la tercera temporada el Sr. Herbert Viola o incluso un espontáneo de la oficina, que de vez en cuando tenía su minuto de gloria a parte de un apellido ridículo MacGillicudy, formaran parte de la historia de la televisión para toda una generación que no se olvida de esta maravillosa serie.

David




domingo, 8 de febrero de 2015

Person of Interest: Miranda Hobbes


Hace ya bastante tiempo le dedicamos un "Person of Interest" al estupendo personaje de Samantha Jones y como ha pasado ya mucho tiempo de eso, hemos decidio dedicarle uno a Miranda Hobbes, la pelirrojísima de "Sex and the City". Como ya dije entonces, sé que con este post haré que los millones de detractores de "Sex and the City" se rasguen las vestiduras e intenten lanzárseme a la yugular, porque es de esas series que o la odias o te encanta, no hay término medio. Fue uno de los primeros éxitos de la prestigiosa cadena privada HBO, duró 6 temporadas entre 1998 y 2004, con un total de 94 episodios y ha dado lugar, hasta la fecha, a dos películas que continúan mostrando las desventuras de las cuatro frívolas de Manhattan (Carrie, Miranda, Charlotte y Samantha).








 Yo no puedo decir te quiero, simplement no está en mi ADN...". Esta frase es una buena carta de presentación de la cínica Miranda Hobbes, una exitosa abogada de Manhattan, que es a la vez la mejor amiga de Carrie (la protagonista de la serie). Su personaje sufrió una verdadera transformación tanto a nivel físico como psíquico, probablemente el que más. Comenzó siendo una mujer trabajadora bastante masculina y muy desconfiada y resentida con los hombres, pero esa imagen se fue suavizando con el paso de las temporadas, especialmente tras conocer al gran amor de su vida (Steve Brady) y de quedarse embarazada de él. Miranda, bajo su fortaleza y su sarcasmo, oculta un montón de sensibilidad y un montón de inseguridades que la convirtieron en uno de mis personajes favoritos.
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Miranda y los hombres:

 

Miranda, juntamente con Charlotte, es uno de los personajes que más situaciones bochornosas vive en sus citas con los hombres. Se acuesta con 18 hombres a lo largo de las seis temporadas que dura la serie, entre los cuales podemos destacar: un tipo que necesitaba ponerse porno mientras se lo montaba con ella, y que parecía estar más interesado en las chicas de la película que en Miranda; uno que necesitaba tomar una ducha después de hacer el amor, porque era muy católico y necesitaba purificarse de los pecados cometidos; otro al que le gustaba hablar sucio durante el acto, Miranda al principio no quiere participar en ello, piensa que en esos momentos no es oportuno ponerse de cháchara, para cuando se acaba animando, le dice lo único que aparentemente un hombre (heterosexual) no quiere oír "Te encanta cuando te meto un dedo por el ano", sea verdad o no; un oftalmólogo al que le tiene mucho cariño, pero con el que le es imposible llegar al orgasmo, al principio decide ser sincera y no fingirlo, pero al verle esforzarse tanto finalmente se ve "obligada" a hacerlo, entre muchos otros. Y también tuvo citas o pseudo-citas bochornosas con otros 17, entre los que destacamos: un gran amigo suyo, que se instala temporalmente en su piso recién comprado y por el que siente algo desde hace mucho tiempo, pero que termina saliendo, y al poco tiempo casándose, con la decoradora que le está amueblando el piso (afortunadamente Miranda termina teniendo la suerte de ser la encargada de hacer firmar el libro de dedicatorias de la boda); el chico de la ventana que ella cree que le está haciendo exhibiciones privadas, pero que resulta que en realidad está tonteando con el vecino (sí lo habéis leído bien, vecino, no vecina) de la ventana de abajo; otro con el que mantiene sexo telefónico sin saber que lo está haciendo con otras por la otra línea mientras lo practica con ella; o cuando un tipo la planta y está tan cabreada que decide llamarlo, para su sorpresa es la madre del tipo quien le contesta al teléfono para informarle que su cita no se presentó porque había muerto.


Miranda y Steve:

 

Miranda es sarcástica y afilada como las uñas de un gato. Pero todo esto empieza a cambiar cuando a mitad de la segunda temporada, Miranda entra en un bar, se pide una copa de vino tinto y se encuentra con Steve Brady, un barman de pelo rizado, que es todo lo opuesto a ella y todo lo opuesto a lo que ella busca en un hombre. Ella es ambiciosa y asquerosamente adinerada, en cambio él se conforma con lo que tiene y apenas llega a final de mes...Obviamente, su relación no es precisamente un camino de rosas, rompen en un par de ocasiones, sobre todo a causa de la compleja Miranda, que no soporta que Steve se comporte siempre como un niño inmaduro o que no respete las inquebrantables barreras que Miranda se ha autoimpuesto para que nadie traspase su corazón y siga siendo la implacable y fría abogada que es cada día en su buffet de abogados.


Su relación tomó un giro inesperado tras la muerte de la madre de Miranda en la cuarta temporada. Steve se desplaza a Philadelphia para mostrar su apoyo a Miranda, a pesar de que en ese momento no estaban juntos, y así sufren un pequeño acercamiento. Al poco tiempo Steve descubre que tiene cáncer en un testículo y que tendrán que extirpárselo. Tras la operación, Steve se siente menos hombre y Miranda decide acostarse con él para que le suba la autoestima, lo que ella misma denomina un mercy fuck. Lo curioso es que de ese quiqui piadoso entre un hombre con un solo testículo y una mujer a la que en una temporada anterior le es diagnosticado un "ovario perezoso" salga un niño, el pequeño y también pelirrojísimo Brady, que cambiará para siempre al maravilloso personaje de Miranda. Miranda no era una embarazada al uso, no tenía el instinto maternal por ninguna parte. Hilarante es el momento en que va a hacerse una ecografía para descubrir el sexo del bebé y cuando se le informa que es un niño, no sabe fingir la ilusión que eso debería producirle...



Estos dos nos hicieron vivir realmente muy buenos momentos, sobre todo por la autenticidad de su relación. Miranda es complicada, sí, pero quien no lo es después de los treinta, especialmente sí llevas mucho tiempo solter@ y has creado tu propio espacio, en el que no necesariamente quieres dejar entrar a la gente, tienes tus manías, te vuelves quisquilloso, los pequeños defectos de los demás se convierten en motivos decisivos para no seguir con alguien. Pero, a pesar de todos sus ires y venires, todos queríamos sí o sí que estos dos terminasen juntos. Estupenda es la declaración de Miranda a Steve, que os dejo en la siguiente foto:


Miranda y Madga:

 

En la tercera temporada, Miranda decide que no puede cuidar de su nuevo apartamento y ser una abogada de éxito en Manhattan, así que decide contratar a una asistente (Magda), una mujer mayor ucraniana, que no aprueba su modus vivendi y que comienza a realizar pequeños cambios en la casa, como substituir el café por té, comprarle un rodillo para hacer tartas (me encanta cuando con su delicioso acento ucraniano, Magda le dice "Its gut for wimen tu meic paaaais"), y finalmente substituir el consolador que Miranda cuida cautelosamente en su mesita de noche, por una estatuílla de la Virgen María. Cuando Miranda se lo cuenta a sus amigas en uno de sus emblemáticos brunch, les dice: Creo que mi asistente me está intetando practicar un exorcismo...". Poco a poco ambas van adaptando su manera de ver la vida la una a la otra y Magda termina convirtiéndose en una especie de figura maternal para ella, que siempre estará allí cuando la necesite, como sólo están las buenas amigas...


Miranda y Carrie:

 

Estoy un poco deacuerdo con aquellos que critican Sex and the City diciendo que Carrie era un poco insoportable. Pero tengo que decir que Carrie era mucho mejor persona cuando estaba con Miranda, es su voz de la conciencia, su Pepito Grillo. Cuando estas dos se pelean, sufrimos, porque sus peleas rezuman verdad. Miranda puede ser muy crítica, cínica, sarcástica, malhumorada, pero hace en muchas ocasiones que Carrie tome las decisiones correctas y sabe ver más allá de las apariencies sobre quién realmente es bueno o no es bueno para Carrie.


Miranda y Cynthia Nixon:

 

Cynthia Nixon era quizás la menos conocida de las cuatro protagonistas y quizás era el personaje menos marcado de la serie, menos estereotipado: Charlotte era la mojigata, Samantha la guarrilla y Carrie la típica protagonista pesada (como Ted en "How I Met Your Mother", para que os hagáis una idea...). Miranda era la sensata, la working girl de Manhattan, segura de sus decisiones, pero consiguió enamorarnos con todas sus vivencias y sobre todo con la maravillosa interpretación que la actriz sacó del personaje y que le valió un Emmy a Mejor Actriz de Reparto y un Screen Actors Guild Award, ambos en  2004. Es cierto que su personaje perdió mucha de la fuerza en las dos películas que han seguido a la serie y se convirtió en un mero acompañante de las demás, sólo teniendo algún momento de gloria donde hacer gala de su entrañable cinismo, como cuando en la boda gay de Stanford Blatch y Anthony Marentino, que a parte de tener una boda con cisnes y un riachuelo que recuerda al maravilloso país de OZ, tiene una aparición estelar de Liza Minnelli cantando "Single Ladies", gayérrimo a más no poder, a lo que Miranda dice: Cuando hay mucha energía gay en una habitación, como por arte de magia, Liza se manifiesta..."


Ha pasado mucho tiempo ya de los momentos dorados de esta serie, pero hemos querido recordar al personaje que, con permiso de Samantha que también es estupenda, logró robarnos el corazón entrando por la puerta pequeña.

David