sábado, 30 de mayo de 2015

Always Coca-Cola!



Hace ya casi dos semanas que los publicistas de Madison Avenue nos dijeron adiós, dejando un vacío irremplazable. Está claro que hay muchas series buenas en la actualidad, pero ya llevábamos casi 8 años compartiendo mad moments con esta mad people, con sus complicados mad men y sus maravillosas mad women. Don, Peggy, Joan, Betty, Roger, Sally e incluso Pete serán difícíles de reemplazar. "Mad Men" ha sido una serie de personajes, unos personajes que, con el gran talento de su creador Matthew Weiner, han conseguido traspasar la pantalla, trasladarnos al Nueva York de los años 60, con su ropa, su música y su estilo. Muchos son los medios que han bautizado a "Mad Men" como aquella serie en la que no ocurre nada, quizás sea cierto, pero ¿cómo puede ser que en la serie donde nunca ocurre nada, tras ocho años, tengamos la sensación de que hemos vivido tantas cosas con estos personajes que pervivirán para siempre en los anales de la ficción televisiva?. Sólo hay una respuesta posible: "Mad Men" es una serie fantástica, que no tiene parangón, y que no ha necesitado de recursos culebronescos, ni de grandes cliffhangers de final de temporada, sino que le ha bastado con unos personajes interesantísimos y muy bien dibujados para ofrecernos todo lo que necesitamos de una serie y mucho más.


En los últimos días antes del desenlace de la serie, muchas fueron la teorías, casi conspiratorias, que flotaban por la nube cibernáutica sobre cuál iba a ser el final de "Mad Men". Concretamente, una que a mí me llamó especialmente la atención es aquella que relacionaba a Don Draper con D.B. Cooper, nombre atribuido a un hombre que secuestró un avión en Estados Unidos el 24 de noviembre de 1971, y que recibió un rescate de 200 000 dólares, para luego saltar en paracaídas desde la aeronave. El nombre que el secuestrador usó para abordar el avión fue Dan Cooper (inquietantemente parecido al del protagonista de "Mad Men"). Muchos eran los que relacionaban la caída del hombre de silueta oscura que aparece en los títulos de crédito iniciales de la serie, con el de ese personaje que consiguió escapar de la justicia, creando una incertidumbre sobre su paradero que continúa intrigando al público. Por apasionante que fuera esta teoría, ahora podemos decir con conocimiento de causa que poco se ha acercado al desenlace de la serie.

Lo cierto es que el parecido entre Don Draper y Dan Cooper es asombroso, tal y como podemos observar en el retrato robot que las autoridades hicieron circular en su momento.



Lo que sí que todas las teorías parecían apuntar es el mal final que le esperaba a Don. Claramente, la serie ha sido un constante descenso hacia los infiernos de su personaje principal. Ese hombre que le arrebató la vida y la identidad a un compañero de guerra y que consiguió reinventarse a sí mismo y crear el mejor producto de la historia de la publicidad americana: Don Draper. Si era capaz de vender ese hombre creado de la nada, sería capaz de vender cualquier cosa. Aún así, a lo largo de la serie, muchas han sido las veces que hemos visto a Don caer en el abismo y resucitar de sus propias cenizas, aunque esta vez todo parecía indicar que el último día de Don Draper estaba ya muy cerca. De ahí el gran mérito de Weiner de sorprendernos con un final que pocos esperábamos y que no por ello ha sido menos brillante y menos coherente; más lo contrario, ha conseguido darle un broche final de excepción a una serie que ciertamente ha marcado un antes y un después en las ficciones televisivas.


Las últimas llamadas de Don:

La acción del último episodio nos sitúa a un Don perdido en medio de la nada de algún lugar en Utah, jugueteando con la velocidad al más puro estilo James Dean, rollo "vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver...". Totalmente desvinculado de su vida de ejecutivo agresivo de las agencias de publicidad neoyorquinas. El primer toque de realidad que recibe es al llamar a su hija Sally, ésta, convertida ya en toda una mujercita, no es capaz de ocultarle a su padre que a Betty (aquella mujer infeliz pegada a un cigarro) le ha sido diagnosticado un cáncer de pulmón en un estado tan avanzado, que poco pueden hacer los médicos para salvarla. La noticia resulta devastadora para Don, que poco tarda en traicionar la confidencia de su primogénita para llamar a Betty en un de los momentos más conmovedores de este episodio final. Don habla con Betty tratando de mantenerse en equilibrio sobre la delgada línea que separa su enfado de su inmensa tristeza. Se me pone de nuevo la piel de gallina cuando tras un doloroso silencio Don le dice a Betty: "Birdie..." y ella responde: "I know...". Ni en un momento así Don es capaz de decirle cómo la ha querido a pesar de todo lo que le ha hecho y lo mucho que la sigue queriendo, porque sí, se puede hacer mucho daño a alguien, ser un auténtico bastardo con esa persona, pero aún así quererla hasta lo más adentro de tus entrañas; así de complicado es el ser humano. Pero "Birdie" ha volado del nido de Don para siempre y esta vez para iniciar un viaje sin retorno...


La tercera y última conversación telefónica tiene lugar con otra mujer, que aún y no ser ni la hija ni la ex-esposa de Don, es una de las mujeres más importantes de su vida. Don parece que ha tirado la toalla, se encuentra en una especie de retiro espiritual situado en una casa con grandes extensiones de césped situada al lado de un acantilado de las costas californianas. Todo parece indicarnos que Don ha decidido apartarse del medio, no ha conseguido, a pesar de reinventarse a sí mismo, encontrar el producto que todos estamos buscando cuando encontramos algo: la felicidad. Ni todos los éxitos publicitarios, ni todo el dinero y el glamour del mundo de la publicidad de los años 60 y principios de los 70 ha conseguido borrar de su alma a aquel niño a quien incluso su propia madre le dio la espalda y que tuvo que crecer y forjar sus parámetros morales en un burdel. Por ese motivo llama a alguien que también ha sido capaz de reinventarse a sí misma, de demostrar con su talento que es capaz de ocupar la misma posición que los hombres en un mundo lleno de testosterona. Peggy Olson. Don le confiesa a Peggy todo lo que ha hecho, en lo que parece un último legado. Peggy no para de repetirle que vuelva a casa...

Don: Lo he echado todo a perder. No soy el hombre que crees que soy.
Peggy: Don. Escúchame. ¿Qué has podido hacer que sea tan malo?
Don: Rompí todos mis votos. Escandalicé a mis hijos. Tomé el nombre de otro hombre y conseguí nada con eso.
Peggy: Eso no es cierto.
Don: Sólo llamé porque me di cuenta de que nunca te dije adiós.
Peggy: No creo que debas estar solo en este momento.


Pero ni la conversación con Peggy, con la que ha compartido momentos tan intensos como el que vivimos en el episodio en que Don visita a Peggy cuando ésta acaba de tener un bebé y éste le dice "Esto nunca ocurrió. Te sorprenderías de cuántas cosas nunca ocurrieron", dejándole claro que no debe dejar que un hijo arruine su ascendente carrera dentro del mundo de la publicidad. O lo que compartieron en el maravilloso episodio 4x07 ("The Suitcase"), todo un manual de cómo hacer un episodio excepcional.

De esta manera, vemos a Don despedirse por teléfono de sus tres pilares en la vida, su hija, su ex-esposa y su protegida. Tres emotivos momentos que no hacen más que confirmar cuánto talento tiene el equipo de guionistas de Wiener y el espléndido trabajo de todos y cada uno de sus actores y actrices.

El gran giro final que Weiner nos tiene preparado nos viene de la mano de un desconocido. Don decide asistir a una terapia de grupo, donde un hombre se pone a hablar de su miserable vida, y por alguna razón Don empatiza totalmente con su situación, con su tristeza, con su desolación absoluta, y cuando este desconocido rompe a llorar desconsoladamente, Don se levanta y le abraza como no le he visto abrazar a nadie en 7 temporadas. Don que ha ido busando la salvación en toda la gente que lo rodea, finalmente la encuentra en un desconocido, que consigue hacerle ver que aún tiene que seguir luchando y haciendo lo que mejor sabe hacer, vender la felicidad.


Inmediatamente después de esta emotiva escena, vemos a un Don sin gomina en el pelo, con el cuello de la camisa abierto y descalzo en posición de yoga, sentado sobre un verde césped al lado de un acantilado, con el ténue murmullo de las olas del océano Pacífico, y durante esos momentos de meditación, en los que parece que Don se retirará de la caótica vida de Madison Avenue y se convertirá en una especie de Hari Christner, un cling hace que se dibuje una pícara e intrigante sonrisa en su rostro. Dicha imagen va inmediatamente seguida del anuncio de Coca-Cola "I'd Like to Buy the World a Coke" de 1971, con ese pegadizo estribillo que dice "I'd like to teach the world to sing / In perfect harmony / I'd like to buy the world a Coke / And keep it company / That's the real thing.". Don y su corta aventura con la meditación, no le han llevado a convertirse en una persona zen o en alguien distinto; sólo le han llevado a crear la campaña publicitaria más influyente de la historia del márketing. Don vuelve a lo que mejor sabe hacer, convertir en real una felicidad no real, prefabricada, como la Coca-Cola, el sabor artificial de mayor éxito a nivel mundial y cuya receta secreta siempre será una de los misterios mejor guardados del mundo, es "The Real Thing".


Antes de este final se nos da un cierre a todas  las historias de los personajes principales. Por un lado tenemos a Peggy, que finalmente se da cuenta que el trabajo es importante, pero que también tiene que cuidar su vida personal y especialmente el amor, que lo ha tenido frente a sus ojos todo este tiempo sin darse cuenta. Estoy hablando de Stan. Así tiene lugar una bonita escena romántica, al más puro estilo de las películas de Audrey Hepburn o Cary Grant, que aunque resulta algo forzada o precipitada, le da a Peggy el broche final que se merece. No quiero hablar de Peggy por última vez sin mencionar su triunfante aparición en McCann-Erickson cargando con todos sus bártulos, entre los que se encuentra una repografía de la obra "El sueño de la mujer del pescador" del artista japonés Hokusai (obra que representa la liberación sexual de la mujer), luciendo unas gafas de sol super-cool, sosteniendo un cigarrillo en los labios y en slow-motion. De esas imágenes para la posteridad, como tantas otras no ha ofrecido esta serie.


En el momento previo al sorprendente final de Don, se nos muestra una secuencia de imágenes donde podemos ver lo que será la vida de los personajes a partir de ese momento. Así vemos a Peggy feliz junto a Stan, por fin habiendo conciliado su vida profesional con su vida personal; a Roger Sterling feliz en un café de París junto a la madre de Megan, con la que posiblemente se ha casado o juntado; a Pete Campbell con pinta de millonetis subiendo a un avión junto a su esposa de siempre; A Joan atendiendo al teléfono en la productora que ha montado en su propia casa, para poder cuidar de su hijo, como madre soltera y mujer independiente; y, finalmente, la imagen más demoledora de todas, cuando vemos a Sally haciéndose cargo de la casa, porque Betty está enferma sentada en una silla de la cocina fumando como un carretero, como hará hasta el último aliento que le quede de vida.


Algo que me resulta realmente fascinante del final de la serie es el hecho de como la historia de todos estos personajes de ficción parece que esté vinculada con la realidad. La empresa McCann-Erickson fue la que en realidad lanzó en 1971 el famoso spot de Coca-Cola, por lo que parece que podamos creer que detrás de esa idea hubo un vedadero Don Draper, que regresó a Madison Avenue para crear la idea de "The Real Thing" junto a su siempre fiel Peggy Olson y que finalmente Joan Harris, desde su productora Harris/Holloway (sus dos apellidos el de casada y el de soltera, porque ella y sólo ella es su propia jefa a partir de entonces), fue la que lo rodó. Un broche perfecto para una serie que roza la perfección.


David

lunes, 6 de abril de 2015

Person of Interest: Betty Draper


Ayer noche dio comienzo la recta final de "Mad Men", se emitió el primero de los siete últimos episodios de su séptima y última temporada, ya que, como ya sabemos, ésta ha sido dividida en dos partes, algo que ya se está convirtiendo en una costumbre de muchas series ("The Sopranos" y "Breaking Bad", también lo hicieron, por ejemplo). Por ese motivo, al igual que el año pasado, he decidido dedicarle un post a una de las apasionantes mujeres que se esconden tras esta serie de hombres. Si el año pasado, hicimos lo propio con Joan Harris, este año le ha tocado a la más "mad woman" de todas, Betty Draper, ahora conocida como Betty Hofstadt Francis. Esta bella mujer, bajo su apariencia angelical que mezcla la elegancia y el look de Grace Kelly con la aparente candidez de Doris Day, esconde una mujer "mu loca", neurótica a más no poder, amargada y amargante, infeliz, frustrada; que bebe como una cosaca, fuma como un carretero y que no tiene ningún problema en arrearle una ostia a cualquiera de sus hijos (la educación de las nuevas generaciones es lo primero...) o abofetear a una vecina en la sección de ultramarinos del súper por ser una madre soltera y con ello un peligro para el vecindario. Los tembleques de sus manos en la primera temporada ya apuntaban que esta mujer no está fina...


Betty fue la primera mujer de Don Draper y la madre de sus tres retoños. Comenzó la serie como una ama de casa aburrida, con poco o nada que hacer. La limpeza y el cuidado de sus hijos corre a cargo de una asistenta y la bella Betty abandonó su carrera como modelo al casarse con el interesante Don. A lo largo de la serie Betty nos ha ofrecido un sinfín de mad moments de esos que hacen las delicias de todos los seguidores. Aquí os dejo un vídeo que os ayudará a entender a esta complicada a la par que maravillosa mujer:


Los mad moments de Betty:


1) The Birds: Betty, toda cabreada tras ser rechazada en un trabajo como modelo, cigarro en boca, rifle en mano y ataviada con un visillo blanco monísimo se pone a jugar al “Angry Birds” con las palomas del árbol del vecino. Dont't mess with Betty! Aviso Legal: "Ningún animal sufrió daños durante el rodaje de esta escena".


2) Sally Draper descubre lo que vale un dedo: la hija de diez años de Don y Betty se masturba en casa de un amigo del colegio donde se queda a dormir y el padre de éste la pilla y la lleva de vuelta a su casa. Betty (con su monísimo peinado a lo Doris Day) le dice que si lo vuelve a hacer le cortará los dedos… Claro que sí, Betty, tú sí que vales como madre!

3) Pon una lavadora en tu vida: inolvidable escena masturbatoria protagonizada por la "angelical" Betty Draper. La verdad es que Betty tiene poco trabajo, tiene una sirvienta que le hace la casa y le cuida los hijos, y el aburrimiento es lo que tiene, que o comes o te tocas un poquito... En este caso, Betty se pone "toa burra" con el triqui-traca de la lavadora y con la cabeza llena de fantasías sobre sexo con hombres desconocidos, y así alcanza uno de los mejores orgasmos de su vida. Luego, cuando su "dulce" hija (Sally) se hace un dedillo en casa de un amiguito, le pega una ostia que no veas, reprochándole que ese no es el comportamiento adecuado de una señorita. Betty en el fondo es un Don en potencia. Recordemos que en un episodio se tira a un desconocido que conoce en la barra de un bar, en el baño del local y que en la última temporada (cuando ya no está con Don) se lo tira a lo macho cabrío, y luego es ella a la mañana siguiente la que no quiere saber nada de él...


4) Betty se pone como el quico: durante la quinta temporada la actriz January Jones, quien interpreta a Betty, se quedó embarazada y por ese motivo su presencia en la serie se vio reducida. Aún así, los guionistas, que no querían cargar al personaje con un cuarto hijo, decidieron aprovechar el aumento de peso de la actriz para abrir una línea argumental entorno al constante aburrimiento de ama de casa de Betty, un tema recurrente en la serie. Pues bien, en la quinta temporada a Betty le da por comer, se zampa todo lo que pilla, bollos, galletas, cereales, patatas de churtería, helado, de todo..., y se pone bastante hermosa, la verdad. Para hacer la historia aún más absurda, a Betty le da por afearse tiñéndose el pelo de negro azabache... No tiene desperdicio...


5) Betty la buena madre IS BACK!: en un momento de la serie Sally (ya convertida en toda una adolescente que estudia y reside en un internado para chicas) es expulsada. ¿Y qué decide hacer ese modelo de conducta llamado Betty Draper? Dejar que su hija fume un cigarrillo en el coche junto a ella. Ya que tiene que hacerlo, mejor que lo haga en su presencia. Yo es que le hago la ola a esta mujer, vamos...


De hecho, valdría la pena hacer un manual con los consejos que Betty, como buena madre, le ofrece a su querida hija. Perlas como "No beses a chicos, deja que los chicos te besen" o cuando Sally le suelta a Betty "Cuando era pequeña a veces hacía ver que no eras mi madre" a lo que la loca de Betty responde "Yo también".

6) Betty se convierte en Don: me encantó ya en la sexta temporada cuando Betty se encuentra por casualidad con Don en un hotel. Ya no son marido y mujer, de hecho ambos se han casado nuevamente con nuevas parejas. Betty está radiante y ahora ésta se convierte para Don en un trofeo inalcanzable y con ello en algo mucho más deseable. Pero esta vez es Betty quien se folla a Don como un hombre, quien se aprovecha de él, quien toma el mando, para abandonarle la mañana siguiente sin dar demasiadas explicaciones, del rollo "Ya te llamaré..." Betty se compadece de Megan (la nueva esposa de Don), pero a la vez se siente aliviada de no ser más esa pringada...


Por si no os habéis enamorado ya de Betty, conoced a January Jones a través de las fotos frikys que cuelga en Instagram, convertiros inmediatamente en followers de "la January" que por las fotos que postea parece la amiga divertida que todos queremos tener. Aquí os dejo una selección:


Pa comérsela ¿verdad?

David


jueves, 21 de agosto de 2014

"The Killing" got finally killed off

Finalmente el pasado día 1 de agosto el canal on-line Netflix colgó en la red los 6 episodios que componen esta última temporada de la serie creada originariamente por la cadena AMC, y así de esta manera pudo acabar de cerrar todos los cabos sueltos que habían quedado por atar en el repentino final de la tercera temporada. Una serie de calidad como "The Killing" se merecía una conclusión en toda regla. ¿Que "The Killing" podría haber concluído tras sus dos primeras temporadas? Es cierto. A partir de la tercera, la versión americana de esta serie danesa (Forbrydelsen) se desmarcó de la original y, aunque quizás no estuvo a la altura de su arranque, en mi opinión seguía resultando interesante gracias a su interesantísima a la par que extrañísima pareja protagonista, los agentes Sarah Linden y Stephen Holder.


Situada en la tempestuosa ciudad de Seattle; la lluvia (como sucedía en Se7en de David Fincher) es el telón perfecto para esconder los crímenes que en ella se cometen, esa ciudad prácticamente rodeada de agua por todos los costados, por lo que sus profundidades se convierten en el cementerio perfecto para ocultar las víctimas de los crímenes más sórdidos. Pero esa lluvia no puede limpiar para siempre las trazas del delito, y los cuerpos hundidos tarde o temprano terminan saliendo a la superficie. Constantemente se nos muestran imágenes desde los interiores de los coches a través de sus cristales mojados, porque esa es la visión distorsionada que tienen los personajes de la realidad, es la manera en que los creadores de la serie quieren hacernos partícipes de la oscuridad, de la lobreguez, con la que los protagonistas ven todo lo que pasa frente a sus ojos, y por ello "The Killing" temporada tras temporada ha conseguido sorprendernos con sus insospechados culpables, que en mi caso, en ningún momento he visto venir con ninguna de las tres grandes historias de crímenes que la serie completa nos ha mostrado.

Claramente, durante sus 4 temporadas hemos sido los ojos de la agente Linden, por ello los responsables de la fotografía de la serie ya se han encargado de situar con bastante frecuencia la cámara a su espalda, a veces incluso pegada a su nuca (conocemos al detalle las caracterísiticas de su ceñida y larga coleta de color panocha), un punto de vista totalmente subjetivo que recuerda al de los personajes de la película "Elephant" de Gus Van Sant, que por un lado nos sumerge de lleno en los hechos y por otro lado resulta tremendamente inquietante, porque al igual que el propio personaje, no sabemos nunca lo que puede acecharle por la espalda. Sarah es un personaje algo incómodo, introvertido, de difícil trato, y con un físico que acompaña su rareza, esa piel blanca, ese cuello corto, esas arrugas en la frente (es una persona con una vida interior tortuosa, que ha tenido que pasar gran parte de su existencia con el ceño fruncido...), esa mirada ligeramente estrábica, ese pelo rojizo que también la convierte en un bicho raro (recordemos que menos del 1% de la población mundial son pelirrojos, por lo que esa particularidad les convierte prácticamente en una especie de mutación genética). Linden se preocupa mucho más por los muertos que por los vivos, se aboca de manera casi obsesiva a los casos que caen en sus manos, dejando de lado a sus parejas, a sus amigos e incluso a su hijo. En mi opinión, Mireille Enos, la actriz que ha encarnado a Linden, ha hecho un gran trabajo, que nunca ha sido reconocido por la academia. A ver si ahora que la serie ha sido finiquitada, se acuerdan de ella...


Pero la serie no sería lo que ha sido sin su partenaire, con el que forman una extraña pareja, con un aún más extraño URST incómodo y de difícil resolución. Estoy hablando de Stephen Holder (interpretado por Joel Kinnaman), un policía ex-drogadicto, con esa cara de malote, ese cabello grasiento y los cuatro pelos de su bigote y perilla, llega a Seattle para comenzar de cero su carrera y que pronto es el contrapunto perfecto para la rarita de Linden. Se protegen el uno al otro, incluso cuando saben que no están actuando correctamente. Sus conversaciones a altas horas de la madrugada en el interior de un coche con los cristales rociados con agua de lluvia, desprendían una intimidad real, palpable, pero también peculiar y diferente.


A partir de aquí, no seguid leyendo los que no hayáis visto aún la última temporada, porque puede contener SPOILERS, y luego no quiero disgustos... Esta última temporada no ha sido muy bien recibida por la crítica especializada, ha recibido una media de 5,3 en sus reviews, frente al 8,4 que recibió la primera, el 6,8 que recibió la segunda y el 6,9 que recibió la tercera, según Metacritic. En esta ocasión, no comparto la opinión con los profesionales en la materia. Cierto es, como he dicho antes que las dos últimas temporadas no están a la altura de las dos primeras, pero esta última ha sabido recoger lo que cosechó en la nueva trama abierta en la tercera temporada, todas las consecuencias tras descubrir la verdadera identidad de aquel asesino de chicas menores descarriadas, llamado "El flautista de Hamelin" ("The Pied Piper"), dado que atraía a sus víctimas con engaños, como el flautista del cuento atraía a las ratas con su flauta. Así esta última temporada retoma la acción justo en el momento después en el que la abandonamos en la anterior temporada, con Holder tranquilizando a Linden (que acaba de pegar dos tiros a Skinner, el policía que se encontraba tras la identidad del "Flautista" y que era a la vez amante de Linden). Holder le ha ayudado a borrar los rastros del crimen y a hundir el cuerpo de Skinner en las profundas aguas que rodean la ciudad de Seattle.


Esta vez la temporada, aunque con el tema del encubrimiento de la muerte de Skinner como trasfondo, ha centrado la trama en un caso de asesinato múltiple de una familia aparentemente perfecta (los Stansbury), de la que sólo se encuentra con vida el hijo mayor (Kyle), que ha recibido un tiro en la cabeza, pero que milagrosamente ha sobrevivido. Todo parece apuntar que ha sido él quien los mató, y que luego intentó, sin demasiado éxito, acabar con su propia vida. Pronto aparece la Coronel Margaret Rayne (la jefa de la academia militar en la que se encontraba internado Kyle), espléndidamente interpretada por Joan Allen (inolvidable por ejemplo en la película "La tormenta de hielo" de Ang Lee). Aquí a lo Jack Nicholson en "Alguno hombres buenos" como implacable coronel, vestida siempre con su uniforme y con un apretado moño a los Srta. Rottenmeier (yo espero que la nominen al Emmy a Mejor Artista Invitada, pero parece que la acedemia se olvida de "The Killing", como también se olvidó de la maravillosa interpretación que nos ofreció Peter Sarsgaard en la temporada anterior). Está claro que algo tienen las academias militares, con sus estrictos códigos de conducta, su represión, sus castigos, su competitividad, que las convierte en un inquietante escenario, ideal para crear misterios a lo "whodunnit" y la verdad es que ha funcionado la mar de bien para esta última temporada, en la que Linden, para variar, se ha obsesionado a lo grande con el caso del joven y conflictivo Kyle, que no recuerda nada de lo que ocurrió aquella noche, ni siquiera de si fue él mismo quien cometió los crímenes de la lujosa mansión de cristal de los Stansbury.


Este contexto militar también ha servido para sacar el lado más macarra e irónico de Holder que, como rebelde sin causa que es, no comparte para nada esa manera tan recta y estricta de pensar de las academias militares, con todas sus reglas y códigos de conducta, y no duda en burlarse de los soldaditos a los que interroga, refiriéndose a ellos como G.I.Joe's o Capitán América (ese humor burleta ha sido durante toda la serie una de las señas de identidad de este personaje). Como es habitual, la serie marea la perdiz para despistarnos sobre quién es verdaderamente el culpable del múltiple asesinato. Así nos presenta a un vecino de los Stansbury, que desde su casa, muy a lo "La ventana indiscreta" de Hitchcock, le hace fotos comprometedoras a la hija adolescente. Uno de los cadetes, que al parecer fue alumno de tenis de la fallecida Sra. Strasbury, con la que mantuvo un affaire cuando sólo tenía 16 años puede tener también papeletas para ser el responsable del crimen. Por lo que parece, la Sra. Strasbury (madre modelo) tenía una ferviente predilección por los chicos menores, incluso llegando a abusar de su propio hijo (Kyle), hecho que también le da a éste un posible móvil para ser el responsable de los crímenes; o cuando las sospechas se tornan hacia la Coronel Margaret Rayne (dado que descubrimos que mantuvo un affaire con el Sr. Stransbury (telita con la familia perfecta esta, la única que se salvaba era la niña de 6 años, y porque aún no había tenido tiempo de pecar...). Todas estas estrategias de los guionistas para despistarnos sobre el desenlace, siguen con el telón de fondo del tema de Skinner, cuya hija está buscando a su padre y a Linden y Holder cada vez les resulta más difícil soportar el peso de la mentira que están intentando tapar.

No desvelaré completamente el desenlace, pero sí que analizaré un poco cómo los creadores de la serie han decidido concluir a trama. El último episodio ha sido dirigido por Jonathan Demme (el director de la magistral "El silencio de los corderos"). A lo largo de la temporada, el crimen de Skinner se ha ido destapando y todos creemos que Linden terminará entre rejas, porque aunque mató al asesino de no-sé-cuántas chicas, cuyos cuerpos jamás serán encontrados, dado que yacen en el fondo de las aguas de la bahía, Linden le disparó sin motivo, pudiéndole haber arrestado, y para más inri, ocultó el cadáver bajo las mismas aguas donde yacían los cuerpos de sus víctimas. Pero finalmente no es así. Una aparición estelar de Billy Campbell (el senador Richmond de la primera temporada, obligado a vivir en un silla de ruedas por el resto de sus días) llega a la sala de interrogaciones donde se encuentra detenida Linden y le pasa unos documentos donde pone que Skinner se suicidó. Richmond no quiere un escándalo más, un policía responsable de todas aquellas muertes no es una buena publicidad para una ciudad que ya ha tenido que lidiar con casos muy escabrosos en los últimos años.

Finalmente, se nos presenta a modo de epílogo unas imágenes de la vida de los personajes unos años después. Holder se ha retirado del cuerpo de policía y trabaja en un grupo de terapia y Linden regresa a Seattle, también retirada del cuerpo, para visitar a Holder. A éste se le ilumina la cara al verla (claro, la quiere...). Allí tienen una conversación algo incómoda, pero enternecedora, donde Linden suelta una verdadera perla cuando dice "Quizá el hogar éramos nosotros, juntos, en ese estúpido coche. Eso lo era todo." Aún así Linden parece no querer comenzar una nueva vida con Holder en la que para ella es una ciudad llena de muertos, por fin quiere estar con los vivos. Así que Linden decide marcharse y contemplar Seattle desde el otro lado del lago, como en el póster. Pero ahí es donde los guionistas vuelven a jugar con nosotros por última vez, cuando Linden decide volver a ir a buscar a Holder y comenzar con él algo más que una relación de amistad o de camaradería, porque todos sabemos que estos dos seres extraños en el fondo están hechos el uno para el otro. Un final inesperadamente feliz para una serie muy que se ha caracterizado mayormente por su sombría oscuridad.

David