En esta serie está claro que las latinas dominan el mundo y lo hacen la mar de bien; son ellas las que cortan el bacalao, quizás no tengan tanto dinero, ni tantas influencias, pero son más listas, más espaviladas y no están exentas de glamour. En todo este magnífico retrato ha tenido mucho que ver el aventajado grupo de actrices protagonistas. Empezando por Ana Ortiz, curtida ya en este tipo de series gracias a su interpretación de Hilda Suarez (la hermana de Betty en "Ugly Betty"), donde ya mostró su lado más "choni", aunque aquí interpeta a una latina mucho más glamurosa. Siguiendo con Judy Reyes, que ya nos enamoró a nosotros y al Dr. Kelso interpretando a la enfermera Carla Espinosa en "Scrubs". Y finalmente, tenemos a Roselyn Sánchez a la que ya conocimos cuando se incorporó al elenco de "Without a Trace" ("Sin rastro") y a la menos conocida, pero con un divertido acentazo latino a lo Sofía Vergara en "Modern Family", Dania Ramírez. Ellas son Marisol, Zoila, Carmen y Rosie, respectivamente y todas han sabido hacerse suyos los personajes y convertirlos en mujeres con las que nos divertimos, nos reímos, sufrimos y con las que pasar 43 minutos semanales resulta malvadamente delicioso.
La serie vuelve a repetir el patrón del misterio por temporada, que tan bien funcionó durante las ocho temporadas de DH, donde cada nuevo vecino que venía a vivir a Wisteria Lane escondía un oscuro secreto o se encontraba tras un crudo asesinato. La primera temporada arranca con el asesinato de la sirvienta Flora Hernandez, cuyo cuerpo sin vida cae desde un balcón a la piscina del jardín de la mansión de los Powell durante la celebración de una de sus sofisticadas fiestas de alto copete. Toda la temporada tiene como columna vertebral esta intriga, mostrada muy a lo "Cluedo", donde te pasas los episodios planteándote si fue la Srta. Amapola con la pistola en la biblioteca o el Dr. Pizarro con el candelabro en la sala de billar. Toda la primera temporada entrelaza este misterio principal con las divertidas subtramas de estas cuatro queens latinas. En esta segunda temporada, por lo que pudimos ver en el episodio piloto, asoma un nuevo misterio alrededor del nuevo prometido de Marisol, que enterró a su primera esposa y que tiene una sirvienta, que recuerda muchísimo a la Sra. Danvers de la "Rebecca" de Hitchock. El suspense ya está servido.Como he dicho antes, la serie juega con los estereotipos de las latinas que trabajan como sirvientas en las lujosas mansiones de Beverly Hills, pero precisamente la serie usa esos estereotipos para destruirlos, como dice Zoila en un momento de la serie "Ser sirvientas es lo que hacemos, no lo que somos." Estas latinas son autosuficientes, inteligentes, fabulosas y totalmente capaces de contraatacar a sus jefes con un afilado ingenio y son multiempleadas: amas de casa de día y detectives privados/cantantes/madres coraje por las noches.
Aunque las latinas de esta serie son las que manejan el cotarro, no por ello debemos olvidarnos de otros personajes de la alta sociedad que también han hecho nuestras delicias durante la primera temporada. Concretamente, quiero destacar a Genevieve Delatour (interpretada por la veterana actriz Susan Lucci, en USA muy conocida por trabajar en la longeva serie "All My Children" durante 41 años). Genevieve es estilo, elegancia, pero también la ingenuidad en estado puro. Ha ido pasando de marido en marido y no sabe lo que es trabajar para ganar dinero, lo que sí sabe es cómo gastarlo. La superficialidad de algunos de sus one-liners no tiene desperdicio:
¿Qué sentido tiene vivir si no tienes nada que ponerte?
Genevieve: Cuando me he mirado en el espejo hoy, me he encontrado una nueva arruga.
Zoila: ¿En serio ... sólo una?
Y tampoco nos queremos olvidar de Evelyn Powell (interpretada por Rebecca Wisocky), es la propietaria de la mansión donde servía Flora hasta el día de su muerte. Es enigmática, estirada, dura, insensible, altiva, parece que lleve un palo de escoba metido en el trasero, pero a la vez también es frágil, perdió a su bebé y eso la convirtió en una mujer fría, que ama y odia a su marido por igual. Evelyn está harta de que su marido se líe con todas las sirvientas. Pero por lo que pudimos ver en el piloto de la segunda temporada, la diversión está garantizada desde el momento en que el matrimonio Powell se ve obligado a contratar los servicios de un guarda de seguridad en la casa, tras ser asaltados en su propia mansión. Evelyn inmediatamente siente una fuerte atracción sexual hacia la nueva incorporación masculina de la casa. Sus one-liners tampoco tienen desperdicio:
Evelyn: Estoy encantada de que vuelvas con Philippe.
Genevieve: ¿Es tu favorito de todos mis maridos?
Evelyn: Está sin duda en el top 3.
[a un bebé que no para de llorar] Por favor, para. Acabo de tomar un Valium y me estás arruinando toda la diversión.
Tenemos un dicho aquí en Beverly Hills. Robarle el marido a una amiga es de mala educación. Para robarle la criada es imperdonable.
[a su sirvienta] Creo que lo que haceis es heroico. Laváis ropa que nunca podréis permitiros. Pulís una plata en la que nunca comeréis. Limpiáis suelos para gente que ni se molesta en aprenderse vuestros apellidos, y todavía os atrevéis a soñar con una vida mejor (...) Dicho esto, si no paras de cepillarte a mi marido, voy a tener que deportarte. Tú comprender?
"Devious Maids" es la serie ideal para todos aquellos que echamos de menos DH. Un atractivo elenco femenino, un uso inteligente de los estereotipos, desternillantes one-liners que hacen las delicias de los espectadores, un regustillo petardo, muy camp con esa musiquilla que yo creo que han reciclado, literalmente, de "Desperate" y constantes apariciones de rostros conocidos de DH; yo espero un cameo de Eva Longoria lo antes posible, crucemos los dedos para que esto suceda, queremos volver a ver a la Sra. Solis en su esplendor. Por todos estos motivos "Devious Maids" es uno de esos placeres inconfesables, lo que los americanos llaman un guilty pleasure, una de esas series que no queda bien decir que las sigues, pero que luego, en la solitaria privacidad de tu casa, disfrutas como un gorrino viéndola.














